martes, febrero 26, 2013

2013: año de resistencia al maíz transgénico, por Silvia Ribeiro


http://www.jornada.unam.mx/2013/02/09/opinion/029a1eco

Las abejas de mil 500 colmenas de una comunidad de Hopelchén, Campeche, murieron este 6 de febrero por la fumigación de transgénicos de Monsanto en un área cercana. Impactó directamente a más de 50 familias campesinas, que tras una cosecha de maíz escasa por la sequía, esperaban recuperarse con la venta de miel orgánica, lo cual perdieron porque la miel está contaminada con agrotóxicos y polen transgénico. Álvaro Mena, campesino maya de Hopelchén e integrante de la Red en Defensa del Maíz, estimó que las pérdidas son 10 millones de pesos, un año de sustento de esas familias. Y hay más impactos en otras cuatro comunidades. La fumigación se intensifica con los cultivos transgénicos, ya que al ser resistentes a agrotóxicos y plantarse en extensos monocultivos, se aplican enormes cantidades. No es un accidente: es la avalancha tóxica que viene con los cultivos transgénicos y la amenaza de autorizar millones de hectáreas de maíz manipulado.

 Mena comenzó con este grave testimonio su participación en el debate sobre maíz transgénico realizada el jueves 7 de febrero, en un auditorio repleto de la Facultad de Ciencias, convocado por varias redes, entre ellas #YoSoy132 Ambiental, Vía Campesina, Movimiento Urbano Popular, Red en Defensa del Maíz. 

 Fueron llamados a debatir las autoridades de Sagarpa, Semarnat y la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados, (Cibiogem), pero no quisieron asistir siquiera para escuchar a las organizaciones sociales y científicos invitados. Las dos secretarías alegaron que no tenían posición en el tema (aunque hay miles de hectáreas de plantaciones experimentales y piloto de maíz transgénico contaminando los campos) y la Cibiogem, que ya tenía la agenda ocupada (¿autorizando transgénicos?) 

 La respuesta de Semarnat, enviada el día del debate, refiere que no irán porque están pendientes de un grupo de expertos integrados por UNAM, Cinvestav, Colpos, UAAAN y Conacyt, para determinar una política pública en materia de maíz transgénico. Parecería que esperan las opiniones correctas, a favor de los transgénicos, ya que si es por recomendaciones científicas, desde el primer día de su mandato recibieron sólidos documentos y un llamado firmado por investigadores de esas mismas instituciones y muchas otras (3 mil científicos y expertos, varios con los máximos galardones nacionales e internacionales) llamando a cancelar las siembras de maíz transgénico en centro de origen por los riesgos que implica, y a establecer “inmediatamente una revisión de los aspectos ambientales y sociales que se verían impactados por la siembra de maíz transgénico en México, basándose en criterios científicos rigurosos y en amplia participación pública (…) para la consideración de las mejores opciones tecnológicas para abordar la producción de alimentos en nuestro país”. 

 El doctor Antonio Turrent, presidente de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (www.uccs.mx), mostró que no es necesario el maíz transgénico para aumentar la producción de maíz en México, y que el país tiene las condiciones de tierras, agua, semillas y diversidad de recursos y tecnologías públicas para cubrir todas sus necesidades actuales y futuras sin colocar en riesgo la independencia económica, la diversidad, la salud o el ambiente, como implican los transgénicos. El doctor Turrent publicó recientemente un estudio detallando estas opciones.  

Peter Rosset, biólogo e investigador, presentó una lista de trabajos publicados en revistas científicas arbitradas, particularmente una compilación de estudios realizada en 2009 por los científicos Artemis Dona y Ioannis S. Arvanitoyannis, que indican que los cultivos transgénicos están asociados a efectos tóxicos, hepáticos, pancreáticos, renales, reproductivos y alteraciones hematológicas e inmunológicas, así como efectos cancerígenos. Mencionó el estudio del doctor Séralini en Francia (2012), donde el mismo maíz transgénico que Monsanto solicita plantar en 700 mil hectáreas en México, produjo cáncer en ratas. Al respecto, Rosset señaló que siendo México un país que consume maíz en mayor cantidad que cualquier otro país, y por los riesgos que se han observado en diversos estudios desde hace años, no se debe exponer a la población a los transgénicos. Indicó que el mayor riesgo es para niños y niñas, que serán los más afectados pero los que no pueden decidir, por lo que urge aplicar el principio de precaución, cancelando los transgénicos, a favor de las generaciones futuras. 

Las organizaciones convocantes urbanas, rurales y estudiantiles, manifestaron sus posiciones críticas a los transgénicos desde sus perspectivas, mostrando que la siembra de maíz transgénico atraviesa todas las luchas y que no permitirán que el gobierno lo imponga, contra los intereses de la vasta mayoría de la población y a favor de unas pocas trasnacionales. Se acordó promover nuevos debates, foros y actividades, además de fortalecer los vínculos entre las organizaciones para evitar transgénicos en cultivos y alimentos. También promover la mayor participación posible en las pre-audiencias sobre Maíz y Soberanía Alimentaria del Tribunal Permanente de los Pueblos, que entre otras celebrará una pre-audiencia con testimonios científicos sobre transgénicos y las fallas y corrupción del sistema de bioseguridad en el país. Tal como recordó Álvaro Mena, crece el apoyo al 2013 como Año de resistencia contra el maíz transgénico y en defensa del maíz nativo, de la vida y autonomía de los pueblos del maíz.  

*Investigadora del Grupo ETC

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lunes, febrero 25, 2013

La agroecología como proyecto nacional


http://www.80grados.net/la-agroecologia-como-proyecto-nacional/


La agroecología como proyecto nacional



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martes, febrero 19, 2013

Of Myths and Men: Mark Lynas and the intoxicating power of technocracy


http://www.foodfirst.org/en/Myths+of+GMOs


February 4, 2013
By Eric Holt-Giménez, Ph D, Executive Director, Food First
Read the original on Huffington Post.
Why do certain people and ideas suddenly capture the limelight while others go unnoticed? Others seem never to go away... The recent ascent of environmental writer Mark Lynas to prominence in the debate on genetically modified crops (GMOs) is a lesson in the power of myths.
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But the problem is not Mark Lynas.
Though he has been celebrated as a maverick environmentalist, in fact, his views on GMOs and mainstream science are compatible with the "Big Three" mainstream conservation giants: the World Wildlife Fund, Conservation International and The Nature Conservancy. Just like the monopolies that control the seed and chemical industry and the governmental agencies that provide them with the revolving doors they use to ensure industry-friendly policies, these global conservationists carefully select the science that advances their political and economic interests and ignore the science that calls their position--and their power--into question. All of them espouse corporate ideologies that dress up their assumptions as facts. Mr. Lynas' high profile conversion sheds no new evidence on the issues. It does, however, reinforce the myth-making power of the global technocracy.
The Big Three, for example, cling dogmatically to a theory called "Island Biogeography" that relates species richness (biodiversity) to "islands" of suitable habitat. Based in part on Darwin's observations in the Galapagos and tested with powerful biocides on islands in the Caribbean, the theory posits that species-rich islands exist in a species-inert sea that biologists call a "matrix." Over time, the islands in the matrix that are larger and closest to the mainland will have greater species richness than those are smaller and farther away. In modern-day, big conservationism, this theory is applied to forest fragments ("islands") in the "matrix" of agricultural landscapes that are assumed to be as biologically inert as the surface of the ocean. This drives the Big Three to acquire large nature reserves (often linking them with corridors) in order to preserve biodiversity. It also drives them to strike Faustian bargains with industrial agriculture: Big agriculture will support the Big Three's strategy to buy up land for nature reserves. In return, the Big Three will endorse Big Agriculture's new GMO technologies.
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The monopolies in the fuel, chemical and agri-foods industries must dominate global markets and continually expand their land-based operations in order to ensure a 3% compound return rate to their shareholders. If they don't, their stock will fall. Staying in the game requires monopoly control of the world's seeds, inputs, grain and processing. For this purpose, applications drawn from the sciences of molecular biology and genetics are used to engineer GMOs. Contrary to industrial myth, genetic engineering is not science; it is engineering, based on particular branches of science. While the science of molecular biology can be quite complex and rigorous, the genetic engineering of seeds is actually somewhat blundering and imprecise... one reason it is so expensive. Genetics is also quite complex. Its application to crop breeding has produced high-yielding hybrids that require massive applications of fertilizers, herbicides and pesticides. The marriage of hybrids and GMOs results in a product that perfectly meets the needs of industry: a high-yielding seed that not only requires the chemical inputs these companies produce, it allows for the proprietary ownerships of the seed's genes, thus ensuring monopoly control over continental landscapes like the U.S. Midwest and the Brazilian Cerrado.
The myths linking Mark Lynas' environmentalism to GMOs have their origins in monopoly control, outdated conservation theory and hack engineering. 

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Agricultura ecológica y seguridad alimentaria: Hacia la creación de un movimiento serio

http://www.80grados.net/agricultura-ecologica-y-seguridad-alimentaria/

Este es el artículo por el cual he sido insultado, criticado y felicitado en estos últimos días.


goodsoillogoLa agricultura orgánica- o ecológica- se perfila como alternativa viable para alimentar la creciente población mundial ante retos apremiantes como las crisis alimentaria y energética, el cambio climático, el descalabro financiero global y peak everything. Esta modalidad de producción agrícola, que combina lo mejor de tradiciones antiguas y de la ciencia moderna, tiene tanta o más validación científica que la agricultura industrial convencional.
Pero desafortunadamente en Puerto Rico el movimiento orgánico-ecológico tiene pocas posibilidades de hacer mella en la agricultura del país si sigue por su actual ruta. El movimiento está actualmente plagado de falta de rigor científico e integridad intelectual, una fe ciega en la ideología de libre mercado, teorías de conspiración disparatadas, discursos anarco-libertarios que no son más que expresiones de hiper-individualismo, fundamentalismos vegetarianos, seudo-religiones de nueva era, y filosofías naturistas de corte seudocientífico y reaccionario.
En las tribunas de mercados orgánicos alrededor de Puerto Rico he visto talleres educativos muy útiles sobre aspectos prácticos de la producción agrícola ecológica, pero también he visto en esas tribunas muchas cosas preocupantes y hasta indignantes: gente hablando de astrología, piedras “mágicas” y “encuentra tu aura” como si se tratara de ciencias legítimas, gente vendiendo amuletos que supuestamente protegen contra las radiaciones de teléfonos celulares, supuestos gurús de la nutrición diciendo una sarta de disparates, y en una ocasión un señor diciendo que el gobierno de Estados Unidos está secretamente alterando el clima con máquinas misteriosas y “chemtrails”, sin presentar ninguna evidencia fehaciente o un solo argumento coherente.
¡Y que no se diga que se trata simplemente de diferencias de opinión que hay que tolerar! Estas tendencias anti-intelectuales y anti-humanistas son un verdadero obstáculo a la protección ambiental y la seguridad alimentaria del país, pues ponen en ridículo el movimiento orgánico-ecológico e impiden que los proponentes de la agroecología sean tomados en serio en los ámbitos académico y científico y en el debate político.
Hace unos años tuve una discusión fútil con un agricultor orgánico quien argumentaba como un energúmeno exaltado que no hay calentamiento global, que se trata de un gran engaño. Su argumento era básicamente que “la ciencia es una mentira”. ¿Cómo puede uno razonar con una persona así? Y no se trata de un caso aislado. Los discursos irracionalistas y ataques a mansalva contra la ciencia, la modernidad y la cultura occidental por ser supuestamente culpables de todos los males del mundo son la orden del día en el movimiento orgánico-ecológico-naturista.
No todos los integrantes del movimiento se suscriben a esas charlatanerías, pero optan por callar ante ellas. Desgraciadamente esa es la naturaleza humana: tendemos a perdonarle todo a nuestros correligionarios y no perdonarle nada a nuestros adversarios. Cuando se aparecen los vendedores de pesticidas y semillas transgénicas con sus embustes de mercadeo y ciencia fatula les caemos encima con todo lo que tenemos, señalando muy justamente todas sus inconsistencias, omisiones y falsedades. Pero cuando en nuestras filas aparece gente promoviendo teorías conspiranoicas que no son más que evidencia de deterioro intelectual colectivo, entonces tendemos a callar o tratar de cambiar el tema. Nos mordemos la lengua porque queremos ser simpáticos. Creemos que el concurso de popularidad es más importante que la búsqueda de la verdad.
Pues no más. No puedo seguir callado ante tanta absurdidad y discurso reaccionario que estorban las luchas por la ecología y en pro de las causas progresistas. Gente, los Iluminati no existen. No hay ninguna cofradía secreta de individuos controlando el mundo y hasta modificando el clima como si fueran dioses del Olimpo. El mundo es mucho más complejo que eso y la realidad política no se presta a teorías ultra-simplistas. El capitalismo y el imperialismo son fenómenos de una complejidad abrumadora y requieren de una vida entera de estudio intelectualmente riguroso y consecuente. Los panfletitos de conspiranoia, que incluyen desde libros hasta seudo-documentales fatulos como “Zeitgeist”, son para gente que no quiere pensar mucho y que quiere respuestas fáciles y simples para la complejísima realidad en que vivimos.
Los “chemtrails” NO EXISTEN y no hay ningún HAARP modificando el clima. Ninguna evidencia sostiene esas teorías*. Si el clima se está saliendo de lo normal eso es debido al calentamiento global, un fenómeno aceptado como realidad por la gran mayoría de la comunidad científica internacional desde hace más de veinte años. Hace años y años que no hay un solo científico serio que ponga en duda que el planeta se está calentando de manera anormal y que la única explicación factible es la acumulación de gases de invernadero en la atmósfera causada por el hombre, principalmente por vía del uso de combustibles fósiles. A estas alturas es un bochorno total tener que discutir esto como si se tratara de opinión y no de hecho científico ampliamente constatado.
Pero para la gente que vive de la conspiración y la paranoia los científicos son gente malvada que son parte de un complot para controlar el mundo, y la ciencia no es más que una actividad siniestra y sospechosa que oculta agendas esotéricas. No son pocas las veces que he escuchado ese tipo de discurso. Y lo más deliciosamente irónico es que ese discurso se originó de la iglesia católica y la Inquisición en la edad media para meterle miedo a la gente y hacer que le saque el cuerpo a las ideas apóstatas de la ilustración y la modernidad.
Así que la próxima vez que se encuentren con ideas disparatadas y absurdas en el seno de movimientos ecológicos y progresistas, no se queden callados. El que calla otorga. Armen un diálogo, una discusión, digan algo, pero por favor no callen.
Un movimiento de avanzada que se autorrespete debe optar por la complejidad y no por las teorías e interpretaciones simplistas, debe apostar a las explicaciones científicas y no a las teorías de conspiración, y debe preferir a la modernidad y el progreso sobre discursos reaccionarios que celebran un pasado glorioso que nunca ocurrió, debe fundamentarse sobre las bases del humanismo secular y el método científico.
En otra ocasión retomaremos el tema de las cosas que andan mal con el movimiento ecológico-orgánico. Créanme que la lista no es corta.

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lunes, febrero 18, 2013

The Hubris of the Drones


http://consortiumnews.com/2013/02/12/the-hubris-of-the-drones/

In his State of the Union, President Obama vowed to continue the withdrawal of U.S. combat troops from Afghanistan, much as he did in Iraq. But his reliance on lethal drone attacks to kill suspected terrorists has raised many other concerns, as Bill Moyers and Michael Winship note.


Excerpt:


Last week, The New York Times published a chilling account of how indiscriminate killing in war remains bad policy even today. This time, it’s done not by young GIs in the field but by anonymous puppeteers guiding drones that hover and attack by remote control against targets thousands of miles away, often killing the innocent and driving their enraged and grieving families and friends straight into the arms of the very terrorists we’re trying to eradicate.
The Timestold of a Muslim cleric in Yemen named Salem Ahmed bin Ali Jaber, standing in a village mosque denouncing al-Qaeda. It was a brave thing to do — a respected tribal figure, arguing against terrorism. But two days later, when he and a police officer cousin agreed to meet with three al-Qaeda members to continue the argument, all five men — friend and foe — were incinerated by an American drone attack.

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Food MythBusters -- Do we really need industrial agriculture to feed the...

domingo, febrero 17, 2013

NPR Fresh Air: An 'Autopsy' Of Detroit Finds Resilience In A Struggling City

http://www.npr.org/2013/02/11/171702111/an-autopsy-of-detroit-finds-resilience-in-a-struggling-city


For some, Detroit may be a symbol of urban decay; but to Charlie LeDuff, it's home. LeDuff, a veteran print and TV journalist who spent 12 years at The New York Times, where he shared a Pulitzer Prize in 2001, returned home to the city after the birth of his daughter left him and his wife — also a Detroit native — wanting to be closer to family.

The city he returned to, however, was dramatically different from the one he had left 20 years earlier. "It was empty," he tells Fresh Air's Dave Davies. "It wasn't scary. It was sort of like, in many respects, living in Chernobyl in some neighborhoods. ... I looked and I thought to myself one day: What happened here? What happened?"



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Lynas, again

http://www.organicconsumers.org/articles/article_27042.cfm

ESSAY OF THE WEEK

Mark Lynas: GMO Convert? Or Hired Gun?

On January 3, Mark Lynas, British author of several books on global warming includingSix Degrees: Our Future on a Hotter Planet, told a sold-out audience at the Oxford Farming Conference in Oxford, England, that he was sorry. Sorry that he’d maligned genetically modified (GM) crops. Sorry that he’d “helped to start the anti-GM movement.” Sorry that he’d “demonized” a technology that could be used to “benefit the environment.”

That’s right. An expert on global warming was now telling the world that genetically modified organisms (GMOs) and GM crops, with their billions of tons of pesticides and chemical fertilizers, with their large-scale monocultures that leave food crops vulnerable to drought, pests and disease, are good for the environment.

How did a journalist, well-known for his work on climate change, become an impassioned advocate and spokesperson for the biotech industry? And an instant media star in the process? Is Lynas just a slick self-promoter willing to say anything for attention? Or did he sell his soul to the biotech industry?

Read the essay

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jueves, febrero 14, 2013

Editorial de la revista Biodiversidad Sustento y Culturas




http://www.grain.org/article/entries/4639




EDITORIAL

Biodiversidad | 30 January 2013 | Biodiversidad - Ene 2013


En el caso de la foto de la portada, el hombre cultiva la tierra en un montículo o isla elaborada por las comunidades nahuas del lago de Xochimilco, reivindicando un sistema ancestral que era tan sustentable que permitía experimentar con policultivos y obtener grandes rendimientos, brindando alimentos a la enorme urbe que ya cuando llegaron los españoles a América era una de las ciudades más grandes del mundo (lo que no necesariamente es un orgullo). En estos camellones, montículos o parcelas acuáticas, verdaderas islas de cultivos diversos, ricos en materia orgánica y humedad, los pueblos indígenas promovieron la biodiversidad en todos sus cultivos, se interpenetraron con su territorio, y tras siglos y siglos mantuvieron esos cultivos y más, pues  investigaciones recientes muestran que lo que supuestamente es “naturaleza virgen” tiene mucha mano humana, colectiva, que durante milenios ha procurado el bienestar de todo.
Pero las agroindustrias, ávidas de ganancias y de un control más y más absoluto sobre toda la cadena alimentaria, y por ende sobre la existencia de los pueblos, están empeñadas en escindir a la gente de sus entornos, sus fuentes y medios de subsistencia. No quisieran que la gente pudiera resolver su alimentación y pretenden mantenerlos sometidos como mano de obra fragilizada, urgida de dinero para comprar alimentos de muy dudosa calidad, a los precios que a las empresas les parezca vender (según las especulaciones en que estén metidas).
Para ello, uno de los instrumentos más devastadores que han descubierto los diseñadores de productos tecnológicos a partir de prácticas científicas corruptas, es el desarrollo de una biotecnología basada en los transgénicos, en el rediseño genético, siempre de laboratorio, de las variedades naturales, interviniendo brutalmente el ritmo y la escala de los cambios y transformaciones propias del mundo vegetal, para imponer transformaciones que nunca habrían ocurrido naturalmente.
Y aunque los promocionan mintiendo que van a resolver muchos problemas, como no muchos parecen convencidos han tenido que recurrir al cabildeo jurídico y a nivel de las dependencias gubernamentales para literalmente imponer desde ahí sus productos tecnológicos. Los gobiernos sí han dispuesto que se promocionen cual si fueran una gran solución a los problemas de la agricultura (problemas que las mismas empresas provocaron cuando impusieron la anterior moda de remiendos tecnológicos: los agroquímicos). Y ahora los anuncian como la solución al hambre en el mundo, cuando que hoy con biotecnología hay más hambrientos que nunca.
El caso es que ahora, América Latina está literalmente amenazada por las semillas transgénicas, porque en muchos de sus países hay la intención expresa de inundar (de una vez por todas, claman) el enormísimo espacio de sabiduría milenaria agrícola con sus remiendos seudo-científicos poco probados, de dudosa factura, y que potencialmente tienen efectos nocivos, devastadores sobre la biodiversidad natural, sobre la privatización de los bienes comunes de la humanidad, sobre los sistemas jurídicos y su lógica, su alcance y su protección del gran bagaje de semillas, y de la subsistencia concreta de vastas poblaciones.



Hoy, de norte a sur, se busca abrirle margen de maniobra a los transgénicos: en California, EUA (donde las autoridades se niegan al etiquetado de los transgénicos); en México (donde el gobierno está a punto de aprobar una avalancha de cultivos comerciales con maíz transgénico en más de 2 millones 400 mil hectáreas con tal de beneficiar a Monsanto, Pioneer y Dow, pese a ser el centro de origen del maíz); en Guatemala, Honduras, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Chile (que sufren o avalancha de transgénicos o posibles leyes de propiedad intelectual y privatización de las semillas mediante instrumentos jurídicos acaparadores, erosionantes, represivos, obtusos como UPOV y varias leyes de variedades vegetales) y en Bolivia, Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil (donde los añejos hacendados, esos terratenientes acaparadores de semillas, tierras, aguas y contratos de variado tipo, en una liga internacional  conocida como la República Unida de la Soja, están dispuestos a todo, es decir, a la imposición, la devastación, el despojo, el sometimiento, la represión, la persecución, el asesinato y hasta al golpe de Estado con tal de imponer sus intereses, que no paran ante ninguna estructura democrática).
Pero los pueblos resisten. Por eso, en un reciente boletín de prensa (17 de enero) la Red en Defensa de Maíz, el movimiento estudiantil mexicano Yo Soy 132, Jóvenes ante la Emergencia Nacional y varias organizaciones del Movimiento Urbano Popular mexicano, afirman: “Rechazamos tajantemente al  maíz transgénico por representar un crimen contra la humanidad, ya que destruye la integridad genética, la fuerza vital, de uno de los cuatro principales alimentos de todos los habitantes del mundo, en su centro de origen. Destruye las posibilidades de producción independiente, plantea una uniformidad útil únicamente a la industria, y está cuestionado en todo el mundo por sus efectos en la salud humana y el medio ambiente”.
Por eso la Campaña de Semillas Libres en Colombia recalcaba desde octubre de 2012, en plena resistencia contra la imposición de una legislación de semillas, a todas luces nociva: “Las semillas son parte esencial de la vida; ellas son el resultado del trabajo colectivo  de miles de generaciones de agricultores y agricultoras, desde épocas ancestrales. Para las comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas las semillas han sido el fundamento de su cultura, de sus sistemas productivos. Es por ello que los agricultores tienen el derecho al libre acceso, a la producción, a guardar, intercambiar y vender las semillas. Las semillas nativas y criollas, se constituyen en el seguro que tiene la humanidad para enfrentar la profunda crisis de la agricultura frente al cambio climático. Las semillas son la base de la libertad de los alimentos, ya que son el primer eslabón en la cadena alimentaria. Sin semillas libres de propiedad intelectual y sin el control local de sus territorios, no es viable la soberanía y autonomía alimentaria de toda la población  y tampoco es posible que las comunidades vivan dignamente en el campo y en paz”.
Hoy, en la lucha contra los transgénicos y contra la imposición de leyes de privatización, erosión y criminalización de las semillas nativas, se juega el futuro de la independencia de los pueblos, de la verdadera autonomía y la defensa territorial de nuestra América. Ahí, estará Biodiversidad, dispuesta a documentar los argumentos que le brinden a las comunidades herramientas de resistencia, claridad y fuerza.
Biodiversidad

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miércoles, febrero 13, 2013

Carmelo on Puerto Rico status politics

http://www.progressive.org/puerto-rico-statehood


Puerto Rico’s statehood status still up in the air


By Carmelo Ruiz-Marrero, February 5, 2013
Don’t expect Puerto Rico to become the 51st state this year.
For one thing, support for statehood among Puerto Ricans is not nearly as massive as the American media have suggested.
Back in November, Puerto Rico had a referendum on what kind of relationship the island nation should have with the United States.
On the referendum, voters were presented with two ballots. The first one contained a question: “Are you content with the current territorial political status?”
Puerto Rico has been a territory of the United States since the Spanish-American War. Under international law, territory means no sovereignty. Puerto Rico belongs to, but is not a part of, the United States of America. Since 1917, Puerto Rico’s residents have been U.S. citizens subject to U.S. laws but have no representation in Congress, nor the right to vote for president.
Since 1952, Puerto Rico has been a Commonwealth of the United States. But don’t let that term fool you. Other than locals now being able to elect the governor, nothing has changed. Puerto Rico is still a territory.
The Popular Democratic Party (PPD), which upholds the current Commonwealth status, has won half of all general elections since 1968, including three of the last four since 2000. Not surprisingly, party members voted yes on that first ballot question about being content with their current status.
But the no vote won, with 54 percent.
For those who voted no, there was a second ballot that presented three status options: independence, statehood or “ELA soberano” — that third option being a loosely defined version of the current status, but with increased powers and autonomy.
Statehood got 61.1 percent of the vote, while “ELA soberano” got 33.3 percent and independence got 5.5 percent.
However, 470,000 people cast blank ballots and boycotted the process. Those blank ballots accounted for 26 percent of all ballots cast. If these voters are included in the tally, then support for statehood goes down to 44.6 percent.
Another obstacle to statehood is the U.S. Congress itself, which has to approve any statehood petition by majority vote, with the president signing the bill.
But with Congress divided, no effort to push Puerto Rican statehood through is likely to succeed. Republicans understand that Puerto Rico would be heavily Democratic, and they wouldn’t want to give the Democrats two more votes in the U.S. Senate.
So, is Puerto Rico headed toward statehood? Not even close.
Carmelo Ruiz-Marrero is a Puerto Rican author, journalist and environmental educator. He can be reached at pmproj@progressive.org.



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martes, febrero 12, 2013

La ciencia y la realidad vs. el maíz transgénico en México

ENLACE AQUI


"La evidencia científica es contundente y suficiente para exigir una política precautoria y una prohibición a la liberación comercial de líneas transgénicas de maíz en México. Este reporte resume los riesgos y peligros ambientales, de salud, en términos de soberanía y seguridad alimentaria..."

David Quist* y Elena Álvarez-Buylla**

En 2009 entregamos al presidente Felipe Calderón un extrañamiento aludiendo a su responsabilidad histórica de prevenir el daño irreversible a uno de los más valiosos recursos naturales del mundo, la diversidad del maíz mexicano, que implicaría liberar líneas transgénicas en su centro de origen: México. Sin embargo, su administración hizo caso omiso de las evidencias y recomendaciones científicas que exigen adoptar una postura precautoria, prohibiendo la liberación de variedades transgénicas en sus centros de origen, como se procede en otras partes del mundo.
En contraste, dio pasos con el fin de apresurar la introducción de maíz genéticamente modificado en el campo mexicano a escala comercial, y estamos convencidos, con base en el conocimiento que tenemos disponible, de que esta decisión representa un riesgo desproporcionado e innecesario con consecuencias irreversibles e impredecibles, que deben evitarse a toda costa por el bien de México y del mundo. Asumir ese riesgo no puede ser justificado por el déficit actual de maíz, ya que hay evidencias de que el campo y las instituciones científicas de nuestro país cuentan con los recursos necesarios para lograr la autosuficiencia en su producción con tecnología pública no transgénica.
El actual gobierno sigue aceptando solicitudes, ha hecho públicas declaraciones contradictorias, y por medio de su secretario de Medio Ambiente, ha prometido que se tomará la decisión en torno a la liberación del maíz transgénico a escala comercial con base en criterios científicos.
Durante los últimos cuatro años, un grupo amplio de científicos de todo el mundo hemos integrado un reporte bien sustentado en publicaciones y datos que demuestran, de manera clara y contundente, que la liberación de cultivos transgénicos en sus centros de origen –en particular del maíz en México– implica riesgos y peligros inadmisibles. El reporte ha sido suscrito por las tres redes de científicos preocupados por los impactos sociales y ambientales de la ciencia y la tecnología más importantes del mundo, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, de México (UCCS); la European Network of Scientists for Social and Environmental Responsability, y la International Network of Engineers and Scientists for Global Responsability, y por científicos a título personal que son expertos en el área dentro de otras redes.
Este reporte se entregó públicamente al gobierno en diciembre pasado. Como conclusión de este análisis se rechaza la siembra de maíz transgénico en campo abierto en México. Esta postura y los argumentos científicos que la respaldan han sido, además, suscritos por más de 3 mil científicos y académicos de todo el mundo, incluyendo a colegas reconocidos con los máximos galardones internacionales. Este llamado a la acción seguirá circulando en nuestra comunidad y en el mundo, en busca de mayor apoyo desde la página de la UCCS: unionccs.net.
La evidencia científica es contundente y suficiente para exigir una política precautoria y una prohibición a la liberación comercial de líneas transgénicas de maíz en México. Este reporte resume los riesgos y peligros ambientales, de salud, en términos de soberanía y seguridad alimentaria, de integridad de la base de diversidad genética más importante del mundo para el maíz, para los productores mexicanos, así como las insuficiencias tecnológicas de los transgénicos y las promesas no cumplidas de estos cultivos a más de 15 años de su comercialización en algunos países. También apunta a otras alternativas de desarrollos fundadas en una ciencia contemporánea y comprometida con la sustentabilidad ambiental y el bienestar social, que sí podrían resolver los problemas del agro mexicano.
Además se plantean algunas preguntas urgentes de abordar: 1) ¿cuál es el efecto a largo plazo en la salud humana y animal de sustituir el consumo de maíz nativo diverso por el consumo de alimentos derivados de dos híbridos homogéneos de transgénicos en un país donde más de la mitad de la ingesta energética y más de un tercio de la ingesta proteínica provienen del consumo directo del maíz en muy variadas formas y procesos?; 2) ¿cuál es el impacto que tendrá la incorporación de maíz transgénico en el nativo, que es la base de la comida tradicional mexicana, recientemente declarada por la Unesco patrimonio cultural inmaterial de la humanidad; 3) ¿cuáles son los problemas socioeconómicos asociados a los derechos de propiedad intelectual, así como con el pedigree o linaje de los maíces que se están usando para desarrollar las variedades transgénicas que se pretende liberar en México? Nos preguntamos, por ejemplo, si algunos de los híbridos genéticamente modificados provienen de maíces nativos mexicanos, que se generaron y reprodujeron de manera comunal, ¿una vez convertidos en trasgénicos, pasan a ser propiedad privada de las empresas que los registran a su nombre o que las patentan? Nos resulta sumamente preocupante que esta información no esté disponible de manera transparente.
Igualmente nos preguntamos y preocupamos por las implicaciones legales que tendrá el avance de la contaminación de las razas nativas sobre: a) la vida de los millones de campesinos mexicanos que hacen y viven de la milpa en donde se originó, diversificó y se reproduce el maíz; b) las prácticas ancestrales de manejo de los recursos fitogenéticos, y c) la soberanía alimentaria y tecnológica del cultivo más importante para los mexicanos, corazón de nuestras culturas, alimento básico y el cereal más producido y usado en el mundo?
Unidos por el compromiso ético de preservar este recurso para la humanidad, exigimos que el Ejecutivo, en coordinación con los otros poderes de la Unión, tome medidas contundentes para garantizar que ningún tipo de maíz transgénico se siembre en México, el centro de origen y diversidad de este importante alimento. También los convocamos a debatir públicamente sobre la evidencia científica que sustenta el cuestionamiento generalizado de los cultivos transgénicos en amplios sectores de la comunidad científica mundial, y de la población de Estados Unidos y Europa.
* Genøk, Noruega. ** Instituto de Ecología, UNAM; profesora invitada del Instituto Miller de la Universidad de California en Berkeley. Ambos son miembros de la UCCS.
Fuente: La Jornada

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lunes, febrero 11, 2013

Foro con Carmelo Ruiz y Jose Escoda sobre Chile


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Will a Federal Compromise on GMO Labeling Trump State Law, Forever?, by Michele Simon

http://www.appetiteforprofit.com/2013/02/04/will-a-federal-compromise-on-gmo-labeling-trump-state-laws-forever/


Recent reports of secret meetings among industry reps and the Food and Drug Adminstration over GMO labeling piqued my interest, mostly because this critical aspect was missing: any effort to label GE foods at the federal level could bring the current grassroots movement to a grinding halt by preventing any stronger local laws from ever being enacted. But I am getting ahead of myself. 

 Last month, Ronnie Cummins, director of the Organic Consumers Association and one of the leaders of the GMO labeling effort, recently published an article about how “representatives of Wal-Mart, General Mills, Pepsi-Frito Lay, Mars, Coca-Cola and others” met with the FDA on January 11 “to lobby for a mandatory federal GMO labeling law.” 

 The story was then picked up by Tom Laskawy at Grist, who reported that at the meeting, a Walmart representative said the retail giant would no longer oppose GMO labeling and that “[o]ther food company executives agreed, saying that the fight had become too expensive, especially given the prospect of more state-level initiatives.” 

 The story kicked into high-gear when the New York Times’ Stephanie Strom covered it last week, adding a few new details, such as the meeting being attended by “20 major food companies” as well as two GMO labeling advocates: Gary Hirshberg, co-chair of the Just Label It federal campaign, and Charles Benbrook, professor at Washington State University. The Times story gave the impression that the meeting is something to celebrate. After all, if Walmart comes to the table, that’s a big deal. 

 But missing from both of these accounts is the ominous potential downside of federal GMO labeling: a sneaky legal concept known as preemption. Most advocates don’t find out about it before it’s too late.  

Preemption simply means that a higher law trumps a lower law: so federal trumps state, and state trumps local. But in practice, it’s industry’s way of ensuring uniformity and stopping grassroots efforts. How I do know this? From years of experience of seeing it happen in various public health issues. It’s such a huge problem that the Robert Wood Johnson Foundation funded an entire project called “Preemption and Movement Building in Public Health” to educate advocates about how to handle it. 

 Here is the pattern: a grassroots effort builds over time to enact local or state laws (such as gun control, indoor-smoking laws, or restricting alcohol sales), and industry fights these efforts for years, until they can no longer win. At that point, industry lobbyists turn around and either get their own weak bill passed, or work with advocates to pass a compromise version. In exchange, this law will preempt or prevent any state or city from passing a different or stronger law. Forever. 

 No industry likes to deal with 50 different state laws, or even a handful of expensive state-level battles. We recently saw this exact scenario play out in the food movement, with menu labeling in chain restaurants. For decades, the restaurant industry successfully fought federal efforts to require calorie counts and other basic nutrition information on menus. Then over the last few years, numerous states and cities started enacting their own laws, much to industry’s dismay. Enter the compromise struck between the leading proponent of menu labeling, the Center for Science in the Public Interest, and the restaurant industry: federally-required menu labeling for calories only, in exchange for all state and local laws being preempted, past and future. (See this document labeled “compromise endorsements” for the bill’s supporters, which include the Grocery Manufacturers Association, a leader of the No on Prop 37 campaign on GMO labeling in California.) 

 Now, almost three years after passage, we still don’t have federal menu labeling as the final regulations are stalled at FDA, while certain industry members fight it. We also no longer see states or cities taking up the issue, figuring the feds took care of it. See what I mean about stopping a grassroots movement in its tracks? Public health lawyer Mark Pertschuk noted: “the rapidly growing grassroots movement for meaningful menu labeling may never recover.” He also cites the irony of this 2009 memo from President Obama opposing preemption in all federal rule-making. The memo correctly notes: “Throughout our history, state and local governments have frequently protected health, safety, and the environment more aggressively than has the national government.” 

 Amen to that. I am not opposed to federal labeling on GMO food. I agree this is where the problem must ultimately be solved. However, any federal standard must set a floor and not a ceiling, and not hand preemption over to industry. The role of the federal government is to set minimum standards, while still allowing states to go further. This, however, is not the end-game that Walmart et al. have in mind. 

 I asked Dave Murphy, founder of Food Democracy Now! and leader of the grassroots GMO labeling efforts about this issue. He told me it was a huge concern among movement leaders: “Ultimately the conversation represents a seismic shift in where we were four years ago on GMO labeling. But we know that anything coming out of Washington D.C. will be a weaker standard, which would not be good for either farmers or consumers. The goal is to make sure that a federal law doesn’t undermine state efforts.” 

 As Cummins noted about the meeting: “We should be wary of any compromise deal at the federal level, one that would preempt the passage of meaningful state GMO labeling laws that have real teeth.” Very wary indeed.

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domingo, febrero 10, 2013

El reverso del zapatismo, por Gustavo Esteva

http://www.jornada.unam.mx/2013/02/04/opinion/016a2pol

Es difícil concebir algo más insensato e irresponsable o de más serias consecuencias que autorizar el cultivo comercial de maíz transgénico. 

 Antonio Turrent mostró su insensatez en estas páginas (La Jornada, 11/1/13). El transgénico no elevaría la producción donde se propone emplearlo, 3 millones de hectáreas de las mejores tierras cultivadas con maíz en México. La contaminación transgénica destruiría las capacidades productivas en 5 millones de hectáreas, en las que sólo pueden prosperar razas nativas especializadas, creadas en el curso de milenios, de las que dependen millones de familias campesinas y buena parte de la comida mexicana. 

 La decisión continúa una tradición irresponsable que busca eliminar la base campesina del país. La Constitución de 1917 fue fórmula de compromiso. Las tendencias antiagrarias se hicieron sentir inmediatamente y culminaron en 1928. Poco después de fundar la primera encarnación del PRI, Calles anunció el fin del reparto agrario. Se fijaría un plazo breve para que los pueblos pudieran pedir tierras. Tras ese término, ni una palabra más sobre el particular. Entonces dar garantías a todo el mundo, pequeños y grandes agricultores, para que surja la iniciativa y el crédito público. 

 Según Calles, el reparto llevaba a los campesinos al desastre, porque les creamos pretensiones y fomentamos su holgazanería. “Si hemos de ser sinceros con nosotros mismos, tenemos la obligación de confesar, los hijos de la Revolución, que el agrarismo, tal como lo hemos entendido y practicado hasta ahora, es un fracaso (…) Hemos venido dando tierras a diestro y siniestro, sin que éstas produzcan nada sino crear a la nación un compromiso pavoroso”. Ese reparto a diestro y siniestro sólo entregó, entre 1917 y 1930, la décima parte de las tierras en poder de las haciendas y a menudo se redujo a reconocer el reparto efectuado por los propios campesinos, principalmente los zapatistas. 

 El anuncio de Calles no quedó sin respuesta. La Liga Nacional Campesina, que luchaba por los objetivos agrarios de la Revolución e impulsaba un enfrentamiento radical con el latifundismo, encabezó un movimiento para reconstituir las filas campesinas, el cual, en 1934, forzó un viraje de las políticas oficiales al retomar, con Cárdenas, el aliento agrarista y el respaldo a los campesinos. La revolución verde no pudo impedirlo y perduró con altibajos por varias décadas. 
 Lo que ahora se cocina es aún más grave que la ofensiva neoliberal desatada en 1982. De la Madrid empezó a desmantelar el aparato de apoyo a los campesinos. En 1991 Hank declaró cínicamente que su obligación como secretario de Agricultura era sacar del campo a 10 millones de campesinos. Usabiaga amplió la meta de desalojo a 20 millones apenas tomó posesión como secretario de Agricultura de Fox. 
 La decisión sería incluso más grave que la contrarreforma constitucional de 1992, porque los campesinos han tenido siempre la opción de conservar sus tierras. Con los transgénicos no habría opción. Nuestro maíz, en toda su riqueza, dejaría de existir; y con él, literalmente, los campesinos y el país. El lema Sin maíz no hay país, acuñado por Marco Díaz León, fue adoptado en 2003 por una campaña nacional que perdura hasta hoy. No es mero acierto formal. Define una historia y dos proyectos políticos enfrentados.
 A pesar del empeño de deshacerse de los campesinos, su número es mayor que nunca. A pesar del empeño por destruir la tortilla, para sustituirla con chatarra de trigo, sigue siendo componente central de la dieta mexicana. Declararnos gente de maíz no es solamente una bella metáfora. Aquí inventamos el maíz y el maíz nos inventó. Mientras más sabemos de él mejor logramos conocernos.
 Deshacerse ahora de los campesinos no sólo busca como siempre el reino de la agricultura industrial nacional y extranjera. Es ahora condición del despojo que forma parte de la ola mundial de ocupación territorial, para explotaciones salvajes que intentan rescatar al capital de su predicamento actual.
 Hace 100 años los zapatistas realizaron directamente el reparto que los gobiernos emanados de la Revolución querían posponer. En 1994 los nuevos zapatistas hicieron posible que el reparto agrario llegara por fin a Chiapas, en una digna respuesta a la contrarreforma de 1992 y a la entrada en vigencia del TLCAN. Con ella se inició la etapa mundial de luchas contra la globalización neoliberal.
Lo que el gobierno intenta hoy no es sólo el reverso de esas tradiciones zapatistas. Sería dispararse al pie, porque la base campesina que quiere eliminar ha sido siempre sustento del PRI. Sería también el camino de la destrucción nacional: usar los cimientos para un techo falso. Y sería la gota que derramara el vaso: la agresión que el pueblo mexicano no podría soportar.

gustavoesteva@gmail.com

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