lunes, marzo 30, 2009

México: Geopiratería militar

Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC

Gracias a las denuncias públicas de la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca (Unosjo), se ha puesto sobre la mesa el debate sobre las consecuencias del mapeo digital participativo que realizan equipos de geógrafos, antropólogos y otros, con comunidades locales, urbanas, rurales e indígenas en muchas partes del mundo.

Se trata de hacer mapas altamente detallados, con tecnología digital de punta, que usan el conocimiento de los habitantes sobre su ambiente, relaciones, historia, recursos –logrando resultados mucho más ricos, dinámicos y complejos de lo que podían obtener con agentes externos. La importancia de los saberes locales ya la tenían clara los conquistadores. Con las nuevas tecnologías, los mapas adquieren otras dimensiones, pero las intenciones son iguales. Por ejemplo, estos mapas son útiles para control de grupos disidentes, para afinar estrategias militares y de contrainsurgencia, y son una valiosa información para las multinacionales en la explotación de territorios y recursos de las comunidades.

Quienes hacen los mapas argumentan que favorecen a las comunidades, permitiéndoles una visión más detallada de su entorno. Argumento paralelo al de otros mapeadores, como los de variaciones genéticas –que para contento de las multinacionales farmacéuticas se reproducen por todo el mundo–, o los mapas de la biodiversidad que tan útiles han sido para las multinacionales de la biopiratería.

El caso ahora denunciado por la Unosjo –titulado México Indígena– es un proyecto de la Universidad de Kansas, la Sociedad Americana de Geógrafos, la Universidad de Carleton y la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, con la empresa de tecnología militar Radiance Technologies, financiado por la Oficina de Estudios Militares Foráneos de Estados Unidos (FMSO, por sus siglas en inglés). Colaboraron oficinas de gobierno como la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CNDPI) y la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat).

Han mapeado nueve comunidades de la Huasteca Potosina (Chuchupe, La Pila, La Lima, Las Armas, Cuatlamayan, Chimalaco, Tazaquil, Santa Cruz y Tancuime), siguieron en la Sierra Juárez de Oaxaca, con San Miguel Tiltepec y San Juan Yagila (se aproximaron también a Guelatao, Zoogochí y Yagavila), ya comenzaron en la Sierra Tarahumara. En Oaxaca, agregan en sus informes qué comunidades están vinculadas a la APPO y a los zapatistas.

La Unosjo denunció que los responsables del proyecto (dirigido por Peter Herlihy y J. Dobson), le entregaron informaciones parciales a las comunidades para conseguir su participación, como medir los impactos del proyecto de privatización de tierras Procede. Pero ocultaron que estaban financiados por una oficina de inteligencia militar de Estados Unidos (FMSO), parte de Fort Leavenworth. Este centro está dirigido por el general David Petraus, que comandó las tropas invasoras en la guerra de Iraq y pertenece al comando central militar de Estados Unidos (Centcom). Fort Leavenworth ha sido desde 1800 el centro de inteligencia militar para la conquista y control de las poblaciones indígenas en Estados Unidos.

El proyecto México Indígena no es único: es un prototipo de las Expediciones Bowman de la Sociedad Americana de Geógrafos. Según ésta, con la experiencia altamente exitosa de México Indígena, las expediciones siguen en las Antillas (desde Haití y República Dominicana, hasta las islas de las costas venezolanas), Colombia, Jordán y Kazajstán, todas con participación de la Oficina de Estudios Militares Foráneos, que por otra parte, ha realizado proyectos similares en Afganistán e Iraq. El encargado de la FMSO para el proyecto es Geoffrey Demarest, teniente coronel egresado de la Escuela de las Américas, que cuenta con numerosos documentos de estrategias para la contrainsurgencia y la arquitectura del control, defiende la propiedad privada de la tierra y demuestra la peligrosidad de los movimientos indígenas y de los pobres urbanos, entre otros.

Pese a esta conexión y la elección de regiones tan geopolíticamente sensibles para Estados Unidos, los geógrafos de México Indígena alegan que la FMSO es apenas un patrocinador como podrían haber sido tantos otros. Afirman que las comunidades dieron su consentimiento y que se han mostrado beneficios para las comunidades, por ejemplo, la definición de áreas para la venta de servicios ambientales (es decir, para la enajenación del manejo comunitario de su biodiversidad). San Miguel Tiltepec de Oaxaca respondió en conferencia de prensa que habían sido engañados al no recibir información de la intromisión militar-empresarial en su territorio, solicitando el retiro de los mapas de su comunidad del sitio electrónico del proyecto.

Esos mapas fueron retirados, pero no toda la información sobre esta comunidad y otras. Es imposible para la comunidad comprobar que esos mapas no han sido incorporados al acervo de la FMSO y de quienes lo hayan descargado anteriormente.

Es evidente que México Indígena y las Expediciones Bowman son parte de las actividades de inteligencia militar de las fuerzas armadas estadunidenses. Otros proyectos similares, aunque no reciban esta financiación o tengan conexión directa, pueden ser usados para los mismos fines. Es hora de terminar con la inocencia (si es que la tenían) de los que participan en estos mapeos.

Fuente: La Jornada

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sábado, febrero 21, 2009

http://www.ecoportal.net/content/view/full/84360

Geopiratería y proyecto México Indígena

21-02-09,
Por UNOSJO

El saqueo de los saberes tradicionales zapotecas sobre sus tierras y territorio (geopiratería), realizado a través del proyecto México Indígena en comunidades de la Sierra Juárez , ha desatado una polémica internacional sobre la ética de los investigadores sociales al intervenir en comunidades indígenas. Debe ser desde los pueblos indígenas donde se definan las investigaciones o prospecciones que se tengan, o no se tengan que hacer en sus tierras y territorios y también quién las realiza y las metodologías que se tengan que emplear, para no seguir siendo objeto de estudio de investigadores arrogantes que en un afán aparente de hacer investigación científica "pura", se han dedicado a saquear información de las comunidades indígenas para utilizarla con fines diferentes a los de las comunidades y pueblos.

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jueves, febrero 05, 2009

Geopiratería en Oaxaca… y mucho más

Silvia Ribeiro*

Según denunció la Unión de Organización de la Sierra Juárez de Oaxaca, México (Unosjo, 15/1/09), han sido víctimas de un nuevo tipo de apropiación en sus comunidades: la “geopiratería”.

Se trata de usar (y abusar) los saberes locales de comunidades indígenas y campesinas, para hacer mapas digitales altamente detallados sobre su geografía, recursos (hidrológicos, de biodiversidad natural y cultivada, arqueológicos, sociales, culturales) para colocar todo esto en páginas electrónicas de acceso abierto, a disposición de quien lo quiera usar. Por ejemplo, corporaciones, instituciones, o el propio ejército de Estados Unidos, que es quién financió este proyecto en Oaxaca. Que por cierto, antes se realizó en otras localidades de México: 9 comunidades de la Huasteca Potosina y otras en la Sierra Tarahumara.

Las implicaciones de este tipo de actividad son tan vastas, que es difícil resumirlas. El mapeo detallado y exacto de los territorios sólo es posible si se extrae el conocimiento local de quienes viven allí. Al procesar estos saberes con nuevas tecnologías, como sistemas de información geográfica digitales, superpuestos a mapas satelitales de acceso libre en Google, se logra un volumen enorme información que no se conocía o no se podía apreciar. Estos mapas son de gran utilidad para fines militares y de contrainsurgencia, pero también para fines industriales (explotación de recursos minerales, vegetales, animales y de biodiversidad, mapeo de accesos carreteros construidos o “necesarios”, fuentes de agua, poblados, mapeo social de la posible resistencia o aceptación a proyectos, etc)

El paralelo con la biopiratería es sorprendente: ambas se basan en acceder a los conocimientos –y potencialmente sus recursos— de las comunidades, a partir de los saberes ricos y detallados de su ambiente, para obtener beneficios que en nada favorecen a las comunidades e incluso las pueden perjudicar seriamente. En ambos casos, la entrega voluntaria de datos por parte de las comunidades se consigue gracias a la intermediación de gente local y de universidades o institutos académicos nacionales (con acuerdos internacionales), con aparición puntual de algún gringo, que son quienes realmente dirigen los proyectos. Por detrás, financiaciones oscuras, que constituyen los realmente beneficiados de los proyectos, por ejemplo empresas trasnacionales, o en el caso de la geopiratería, las fuerzas armadas de los Estados Unidos.

Según cuenta la Unosjo, un equipo liderado por el geógrafo estadunidense Peter Herlihy, llegó a la Sierra Juárez en el 2006, para informar y pedir apoyo para un proyecto de mapeo “participativo” titulado “México Indígena”. Herlihy presentó el proyecto como una forma de mapeo digitalizado hecho con y al servicio de las propias comunidades, en el marco de un estudio sobre el impacto del Procede.

Aunque mencionó otros colaboradores del proyecto, como la Sociedad Geográfica Americana (a través de Jerome Dobson, su presidente), la Universidad de Kansas, la Universidad de Carleton, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (Dr. Miguel Aguilar Robledo) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), no mencionó la activa participación de la empresa de tecnología militar Radiance Technologies ni que la financiación provenía de la Oficina de Estudios Militares Foráneos de Estados Unidos (Foreign Military Studies Office - FMSO por sus siglas en inglés)

No fue olvido. La FMSO se describe como “un centro de investigación y análisis de Actividades de Apoyo de Inteligencia, bajo el Comando de Entrenamiento y Doctrina del Ejército de Estados Unidos (…) que administra y opera el Centro de Inteligencia Conjunto de Fort Leavenworth.”

Fort Leavenworth fue el centro militar de comando desde durante la expansión de Estados Unidos sobre territorios indígenas desde 1800 (el genocidio televisivamente llamado “conquista del Oeste”). También el centro de vigilancia y control de poblaciones nativas, desde la guerra civil en ese país. Actualmente se enfoca en “amenazas emergentes y asimétricas a la seguridad nacional de Estados Unidos”, obviamente a partir de su visión del peligro que representan los pueblos indígenas. De ahí su apoyo a este proyecto de geopiratería enfocado en áreas indígenas.

El director de Ft. Leavenworth es David Petraeus, que comandó la División 101 de asalto áreo durante la Operación “Iraqi Freedom” contra el pueblo de Iraq, siendo luego el primer comandante del Comando Multinacional de Seguridad y Transición en Iraq.

Los informes de los “desinteresados” geógrafos del proyecto “México Indígena”, se presentan mensualmente a la FMSO de Fort Leavenworth. Entre muchos otros datos que aparecen en esos informes, que de una simple ojeada erizan los pelos de la nuca, se relata una conversación de los líderes de México Indígena con Petraeus, donde éste afirma que basado en su experiencia en Iraq, “el conocimiento de las culturas es un multiplicador de fuerzas [militares] …el conocimiento del ´terreno´ cultural puede ser tan importante, y a veces más, que el conocimiento del terreno geográfico”. Los líderes de México Indígena agregan orgullosamente que “la cultura y pobladores locales son entonces el ´terreno decisivo´” y que su proyecto logrará completar la descripción digitalizada del ´terreno cultural´ del México indígena. Salvo que ahora están advertidas.



*investigadora del Grupo ETC



Publicado en La Jornada el 31 de enero 2009

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