domingo, noviembre 27, 2011

NO a la incineracion

RENACE

RED NACIONAL DE ACCION ECOLOGISTA de la Argentina

26 de noviembre 2011

REENVIAMOS



http://www.storyofstuff.com/international/images/interior/gaia_logo.gif

Organizaciones ambientalistas y de base de América Latina demandan a sus gobiernos el rechazo de proyectos de créditos de carbono que financien incineradores y rellenos.


En una carta dirigida a las respectivas autoridades designadas a nivel nacional para definir la aprobación de proyectos de créditos de carbono, miembros de la Alianza Global por Alternativas a la Incineración (GAIA) de Argentina, Brasil, Chile, El Salvador, México y Uruguay llamaron a sus respectivos gobiernos “a no aprobar proyectos MDL basados en soluciones tecnológicas que generan riesgos e impactos negativos e incentivos perversos para una mayor generación de residuos”.


En la misiva, manifiestan su preocupación por “los graves problemas sociales y medioambientales que estos proyectos conllevan e insta (a la respectiva institución nacional) a revisar los criterios de certificación “sostenible” para rellenos sanitarios e incineradores bajo el MDL con el fin de excluirlos de forma inmediata y definitiva.” Agregan que estos proyectos “no solo son una fuente de contaminación y exclusión social, sino que además desplazan las opciones más sustentables, más costo-efectivas y que favorecen la labor de los recicladores informales que recogen y separan manualmente los residuos en nuestros países.”


En cada país existen las llamadas Autoridades Nacionales Designadas (AND), que tienen bajo su responsabilidad la aprobación de proyectos que buscan su certificación en el Mecanismo de Desarrollo Limpio, que opera bajo el Protocolo de Kioto.

En relación a los rellenos sanitarios, las organizaciones reclaman que a través de los proyectos MDL se está “apoyando el entierro de residuos que podrían ser reciclados o compostados, con graves consecuencias para el medio ambiente y las comunidades de recicladores”; se está promoviendo de manera artificial un aumento significativo en la generación de metano; e inhibiendo la promulgación de leyes que exijan la captura de metano en estas instalaciones para prevenir explosiones, incendios e intoxicaciones derivadas de la acumulación de gases.


En cuanto a la incineración y sus derivaciones de valorización energética de residuos, los miembros de GAIA expresan que “resulta inaceptable que (estas instalaciones) reciban recursos financieros destinados a mitigar el cambio climático”, y argumentan que “según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (USEPA) la generación eléctrica a partir de la incineración de residuos municipales emite más CO2 por unidad de energía que la termoelectricidad a partir de carbón y, por cierto, mucho más que en un contexto de reducción de la generación de residuos, su reutilización y el reciclaje de los mismos materiales.

Agregan que “la energía que se puede generar mediante procesos de incineración o similares es bastante menor que la que se podría conservar mediante el reciclaje, para prácticamente todos los distintos materiales”, así como que sus costos de capital y de operación “son varias veces mayores que para tecnologías tradicionales de generación como la térmica a base de carbón y la nuclear”.


Por estas razones, los firmantes llaman a sus gobiernos a respaldar “un régimen de financiamiento climático justo, sin el predominio de los mercados de carbono, y mediante un fondo global guiado por criterios de equidad y responsabilidad internacional frente al cambio climático, sin intervención de bancos e instituciones financieras internacionales”.

Finalmente, demandan “que los fondos públicos y climáticos disponibles se destinen a implementar políticas y programas públicos orientados a la reducción y separación de los residuos en el origen, así como su reutilización y reciclaje; y a impulsar la inclusión social en las actividades asociadas al manejo de residuos, particularmente la dignificación y formalización del trabajo de los recicladores urbanos, promoviendo la internalización de sus impactos ambientales positivos.”

Contacto:

Eduardo Giesen
Coordinación latinoamericana de GAIA
eduardo@no-burn.org
+56 9 9163.0995


Organizaciones firmantes de la carta:

Argentina

  • 56 organizaciones de la Coalición Ciudadana Anti-incineración (lista completa más abajo)

  • FUNAM
  • Ecositio
  • BIOS
  • Centro Ecologista Renacer
  • Cipoleños Unidos
  • Ecos de la Sociedad
  • Taller Ecologista

Brasil

  • Coleta Seletiva Brasil-Canadá

  • Instituto POLIS

Chile

  • Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA)

  • RAP-AL Chile

El Salvador

  • CESTA / Friends of the Earth El Salvador

México

  • Revuelta Verde / Rising Tide México

  • Otros Mundos Chiapas / Friends of the Earth México
  • Crecimiento Ciudadano Organizado CRESCO
  • Frente Ciudadano en Defensa de las Áreas Naturales de Tlalpan
  • Jubileo Sur México
  • Fronteras Comunes
  • Centro de Análisis y Acción en Tóxicos y Alternativas (CAATA)

Uruguay

  • RAP-AL Uruguay
  • REDES / Friends of the Earth Uruguay

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miércoles, noviembre 23, 2011

El MDL no reduce las emisiones; dejar los combustibles fósiles bajo tierra sí

Por Chris Lang, http://chrislang.org

El mes pasado estuve en Bangkok, en una reunión sobre los mercados de carbono en el sudeste asiático. Resultaba irónico estar discutiendo sobre una falsa solución al cambio climático mientras grandes extensiones de Tailandia estaban bajo agua y la inundación amenazaba la capital. (Si bien no se puede decir que esta inundación en particular haya sido causada por el cambio climático, sí se puede afirmar que las inundaciones de este tipo serán más frecuentes a medida que aumente la temperatura del planeta).

La reunión de Bangkok había sido organizada por CDM-Watch y por Focus on the Global South; los participantes venían de Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia, Vietnam, Birmania y Camboya. Allí se identificaron dos problemas que conllevan los proyectos de Mecanismo de Desarrolo Limpio (MDL):

1. Dado que el MDL es un mecanismo para el comercio de carbono, no reduce las emisiones.

2. Varios proyectos MDL son en sí mismos destructivos y tienen graves impactos en las comunidades locales y su entorno.

“El MDL nunca tuvo el objetivo de reducir las emisiones”, dijo Jacques-Chai Chomthongdi, de Focus on the Global South. “Peor aún es el hecho de que no existen medidas para combatir los efectos sociales y ambientales negativos.”

International Rivers ha estado verificando desde hace varios años que los proyectos hidroeléctricos del MDL no son adicionales, porque de todos modos se habrían realizado, aun sin ayuda del MDL. En la reunión de Bangkok, Carl Middleton, de la universidad de Chulalongkorn, habló de la represa de Kamchay, en Camboya, que está siendo validada como proyecto MDL. En 2006 el proyecto obtuvo el financiamiento del banco China Exim, y está previsto que la construcción se termine este año. “Es imposible suponer que ese proyecto sea adicional”, comentó Middleton. La represa inundará 2.000 hectáreas de tierras, incluida una parte del Parque Nacional de Bokor. “En ningún momento se ha comunicado la intención de resolver los graves impactos ambientales que tendrá”, agregó Middleton.

International Rivers mantiene una base de datos de los proyectos hidroeléctricos que pasan por el MDL. Hasta el 29 de octubre de 2011, 1.975 proyectos hidroeléctricos, de una capacidad de 86.439 MW, habían solicitado créditos MDL, de los cuales más de dos tercios están en China.

Nichakan Yuenyao es una investigadora perteneciente a una comunidad afectada por un proyecto de energía a partir de biomasa, en la provincia de Surin, Tailandia. Habló de los impactos que la comunidad está sufriendo como resultado de este supuesto proyecto de “desarrollo limpio”. Explicó que la contaminación del aire era un problema, y provocaba enfermedades pulmonares y afecciones de la piel. Un aldeano le dijo que debía mantener las puertas y ventanas cerradas todo el día, para evitar que el polvo invadiera su casa. También el ruido es un problema y, después de cuatro años de actividad, la central a base de biomasa ha afectado las reservas de agua de los pobladores.

Otro de los oradores fue Patrick Bürgi, uno de los fundadores de la compañía de comercialización de emisiones South Pole Carbon Asset Management. “Algunos de esos impactos ambientales podrían ser resueltos fácilmente, por ejemplo instalando mallas antipolvo o rociando con agua”, dijo. “El problema es que no existe ningún mecanismo que obligue a hacerlo”, añadió, opinión sorprendente en boca de un promotor de proyectos MDL.

Durante su presentación, Bürgi explicó que “el MDL sirve para transferir dinero del mundo desarrollado al mundo en desarrollo, para financiar proyectos que contribuyan a mitigar el cambio climático”. Como esto no es cierto, pedí a Bürgi que confirmara que, de hecho, el MDL no reduce las emisiones porque se trata de un mecanismo para comercializarlas. Puede que las emisiones se reduzcan en un lugar, pero la venta de créditos de emisión permite que la contaminación continúe en otro lugar. El MDL es, “en el mejor de los casos, un ejercicio de sumatoria cero”, como dijo en 2009 el entonces presidente del Consejo Directivo del MDL, Lex de Jonge.

Además de Bürgi, estaban en el panel Bo Riisgaard Pedersen, del Ministerio danés de Clima y Energía, y Sudeep Kodialbail, de la SGS, una entidad de validación de proyectos del MDL. Si bien asintieron con la cabeza, se mostraron reticentes a reconocer explícitamente que el MDL no reduce las emisiones. Kodialbail terminó reconociendo que así era, o algo semejante: “En el sitio web de la CMNUCC, es muy interesante ver que no usan la palabra reducir, sino la palabra estabilizar”, dijo.

Al oír esto salté de mi asiento y grité: “No las reduce. ¿Podemos ponerlo en letras grandes? El MDL no reduce las emisiones. Es así. El MDL no reduce las emisiones. ¿Estamos todos de acuerdo?”

Resultó que sí lo estábamos. “Tiene toda la razón cuando dice que el MDL no produce por sí mismo una reducción neta de las emisiones”, contestó Bürgi.

A mi entender, el punto culminante de la reunión llegó cerca del final, cuando Jerome Whitington, de la Universidad Nacional de Singapur, habló de una propuesta en la que él y sus colegas estaban trabajando y que se refería a fijar un tope estricto a la extracción de energía fósil; dicho en otras palabras, un plan para eliminar gradualmente la extracción de carbón, petróleo y gas.

En 2007, antes de la conferencia de la ONU sobre el clima realizada en Bali, el periodista George Monbiot había sugerido algo semejante, y señaló que “las negociaciones de Bali no tendrán sentido alguno a menos que desemboquen en un programa para dejar los combustibles fósiles bajo tierra”. Cuatro años más tarde, y luego de que la emisión de gases de efecto invernadero hubiera batido todos los récords el año pasado, sería hora de tomar en serio esa solución tan sencilla para evitar que el cambio climático se vuelva incontrolable.

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martes, mayo 31, 2011

El sistema REDD va mostrando su perversidad


Chris Lang, http://chrislang.org

Luego de casi cinco meses de titubeos, la moratoria forestal de dos años arrancó este mes en Indonesia. El presidente Susilo Bambang Yudhoyono debía elegir entre dos opciones: una versión de la moratoria hubiera impedido el otorgamiento de nuevas concesiones en todos los bosques y turberas; la otra se aplicaría sólo a los bosques primarios y turberas. Yudhoyono prefirió la segunda.

El hecho de que esta decisión haya sido recibida con agrado por Asia Pulp & Paper, compañía que tiene en Indonesia uno de los peores récords en cuanto a la destrucción de los bosques, muestra lo poco que tendrán que modificar las empresas de su funcionamiento habitual como resultado de la moratoria.

Existía la posibilidad de que, al menos, se revisaran las concesiones existentes (muy numerosas en Indonesia, y de las cuales muchas se superponen y muchas otras son ilegales). Parece ahora muy poco probable que eso suceda. Dentro del instructivo presidencial que pone en vigencia la moratoria (una farsa, según dijo un comentarista) figura un mapa indicativo que muestra el área de bosque primario y de turberas que debe ser protegida durante el período establecido de dos años. De la zona verde que representa el bosque primario se ha extraído, principalmente en Papúa, enormes zonas pintadas de blanco, que representan las concesiones existentes. Y en el mapa se omitieron completamente dos parques nacionales de Sumatra.

El texto, ya de por sí laxo, está lleno de lagunas. Las concesiones existentes están específicamente excluidas de la moratoria, así como las que han “recibido una aprobación de principio” del Ministro de Forestación, y la prórroga de los permisos existentes. También están excluidos los proyectos de “desarrollo nacional”. El decreto presidencial da la lista: energía geotérmica, petróleo y gas, electricidad, tierras para cultivos de arroz y caña de azúcar.

La moratoria forma parte del acuerdo REDD de mil millones de dólares convenido entre Noruega e Indonesia. Noruega también ha prometido 250 millones a Guyana y mil millones a Brasil.

En marzo de 2011, miembros de la sociedad civil y del parlamento de Guyana escribieron al Ministro noruego de Medio Ambiente y de Desarrollo Internacional, Erik Solheim. La carta enumeraba “ocho problemas clave relacionados con el Memorando de Entendimiento entre los gobiernos de Guyana y Noruega”. Parte del problema es que la deforestación está aumentando en Guyana, y que el primer proyecto de la Estrategia de Desarrollo con baja Emisión de Carbono del presidente Bharat Jagdeo es una represa hidroeléctrica muy controvertida, en medio de la selva tropical. La construcción de la ruta de acceso ya comenzó, pero está muy retrasada, y el proyecto está plagado de acusaciones de corrupción y malversación de fondos.

La carta suscitó gran número de discusiones dentro y fuera de Guyana. Casi dos meses después de recibirla, Solehim respondió, pero diciendo que “no será posible entrar aquí en los detalles de su carta”. Ahora, Solheim ha recibido otra carta, donde se le pide que dé respuesta detallada a los ocho problemas planteados.

En Brasil, la situación luce aún peor. La tasa de deforestación, que había caído en los últimos años, volvió a dispararse este año. En marzo y abril se desmontaron casi 593 kilómetros cuadrados de bosque, lo cual representa un aumento de 470% con relación a los mismos dos meses del año pasado.

Una razón posible de este aumento tan brusco es que el gobierno ha estado debatiendo una modificación del Código forestal brasileño, que lo debilitaría considerablemente (ver artículo en este boletín). Los hacendados están desmontando bosques porque prevén que el nuevo código forestal será aprobado y que se concederá amnistía a la tala ilegal realizada previamente. El 24 de mayo de 2011, la Cámara de Diputados aprobó el código forestal modificado. Ahora pasa al Senado y, si éste también lo aprueba, requerirá la aprobación de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

El debate en torno al código forestal brasileño revela el efecto perverso de los incentivos REDD. Los gobiernos que cuentan con una buena legislación, una buena administración y una tasa de deforestación decreciente, no van a ganar gran cosa con REDD. Pero si la deforestación se dispara, Brasil podría resultar muy beneficiado gracias a ese sistema.

Mientras tanto, Brasil sigue avanzando con su proyecto de represa hidroeléctrica en Belo Monte, al cual se oponen desde hace veinte años los pueblos indígenas que viven en la cuenca del Xingú. El país también intenta que las “plantaciones forestales en extinción” sean incluidas en el mecanismo de desarrollo limpio, propuesta que equivale, ni más ni menos, a subsidiar las plantaciones industriales de árboles.

Dos grandes videos acaban de ser presentados en Europa; ambos muestran los diferentes problemas que plantea la forma en que se despliega REDD. El primero, producido por un programa de televisión neerlandés, Keuringsdienst van Waarde, trata de las compensaciones de carbono y concluye que se podría comprar una parte de la selva brasileña por sólo un centavo el metro cuadrado. El programa es fascinante, alterna el escándalo con la comicidad y presenta una serie de problemas que plantea la noción de compensación de carbono.

Para el segundo video, algunos periodistas de la revista londinense Don’t Panic se infiltraron para averiguar hasta dónde llegaría Conservation International (CI) para ayudar a las empresas contaminantes a “maquillar de verde” su imagen. Su primer problema era que Conservation International ya trabajaba con una lista de Socios Empresariales que parece el Quién es Quién de la destrucción planetaria: Arcelor Mittal, BHP Billiton, Cargill, Chevron, Goldman Sachs, Kimberly-Clark, McDonald’s, Monsanto, Rio Tinto, Shell y Wilmar International.

Los periodistas de Don’t Panic fingieron ser representantes de Lockheed Martin, el mayor fabricante de armas del mundo. El representante de Conservation International no se inmutó, sugirió una “estrategia de compensación de carbono”, y afirmó que “Lockheed Martin” podría “compensar” sus actividades contaminantes y mortíferas comprando un bosque en Madagascar, Asia o África. ¿Don’t Panic quería saber si Conservation International es “algo más que una empresa proveedora de buena imagen ecológica”? Evidentemente, la respuesta es no.

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domingo, diciembre 19, 2010

Organización Mundial de Comercio de Carbono

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Silvia Ribeiro*


Este diciembre, Cancún fue el escenario de un costoso evento para beneficiar a las trasnacionales y gobiernos más contaminantes. Por los resultados y la dinámica antidemocrática, se podría pensar que fue una reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC), como la de 2003, donde el campesino coreano Lee Kyoung-Hae se inmoló para mostrar la injusticia que significan estos tratados. Pero fue una reunión del Convenio de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, de facto convertido en una nueva Organización Mundial de Comercio de Carbono. Los muertos los sigue poniendo el Sur global.

Los países más contaminantes y sus grandes industrias –los que más han emitido gases de efecto invernadero y lucran enormemente con ellos, devastando el planeta de todos– consiguieron lo que se proponían y más: rompieron cualquier compromiso vinculante de reducir emisiones; no establecieron ninguna meta de reducciones; crearon un fondo climático que será administrado por el Banco Mundial; legalizaron nuevos mecanismos de mercado, incluidas las peores versiones de REDD (eufemísticamente llamado Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques) que abre a una ola planetaria de privatización de bosques y expulsión de comunidades, además de ser un gran aliento a la especulación financiera. También lograron un comité de tecnología a su gusto, que eliminó las referencias a las barreras que constituyen las patentes para el Sur y da amplia participación a las trasnacionales y la industria para imponer sus tecnologías. Los derechos indígenas y campesinos, la participación de sociedad civil no comercial, son mencionados decorativamente, sin efecto real.

Si esto fue una negociación ¿qué recibió el Sur global por tanta concesión? La respuesta es sorprendente: nada. Sólo promesas vacías, sin valor jurídico, sobre movilizar fondos, reconocer la necesidad de reducir emisiones, abrir procesos, evaluar en futuros igualmente inciertos. Mientras los países históricamente más contaminantes no hacen ningún compromiso de reducción, ahora los países del Sur tienen que informar sobre sus reducciones. Eso no está mal, pero la injusticia es evidente.

O sea, lo que se plasmó en Cancún fue la voluntad irrestricta de Estados Unidos y la aplicación del espurio entendimiento de Copenhague, con esteroides: todo lo que querían los causantes de la crisis climática y nada para las víctimas.

Para entender mejor lo que pasó, hay que leer las comunicaciones oficiales al revés: donde dice consenso, léase desacuerdo, donde dice multilateralismo, léase negociaciones secretas entre algunos, donde dice reconocemos la necesidad de reducir las emisiones, léase los países del Norte no volveremos a firmar compromisos vinculantes de reducción, donde dice proteger los bosques léase privatizarlos, donde dice recuperamos la confianza, léase recuperamos los créditos que pagará el público y aumentamos las indulgencias de carbono, donde dice transferencia de tecnología, léase jamás evitarán el pago de patentes en la tecnología que venderemos al Sur, basada en sus recursos y subsidiada por ellos mismos, donde dice progreso leáse avance de mecanismos de mercado e inyección de optimismo al mercado financiero especulativo.

La lista es larga y falta que donde dice democracia y participación, debe leerse censura y represión, de lo cual varias redes de organizaciones por la justicia ambiental e indígenas presentes en Cancún pueden dar testimonio.

La presidencia de México en el Convenio se encargó de gestionar este resultado, con una dinámica igual a la de la OMC: llamando a grupos de delegados por separado, elegidos por la propia presidencia, a negociaciones ocultas, fragmentarias y nunca en pleno, manipulando debilidades y deseos, confrontando selectivamente a países o regiones entre sí, prometiendo quién sabe qué recursos. Finalmente presentó, tardíamente para no dar tiempo a consideración real en plenario –donde todos podrían ver todo–, un documento final no solicitado por los órganos del convenio y como reclamó Bolivia, con la opción tómelo o tómelo.

No se convocó al pleno para decidir sobre esta propuesta, sino a una reunión informal con la presidenta donde se puso a la mesa como paquete completo y cerrado. La presidencia mexicana destacó por hechos insólitos en Naciones Unidas: en lugar de aplacar la porra de aplaudidores que curiosamente tuvo acceso masivo a las reuniones finales –aunque todas las otras sesiones fueron fuertemente limitadas a los observadores–, la presidenta se sumó a los aplausos y expresiones de disgusto con posiciones discrepantes –solamente planteadas por Bolivia– algo totalmente fuera de lugar para la presidencia de una reunión multilateral. En la misma tónica, decidió unilateralmente que la objeción argumentada por Bolivia no necesitaba ser tomada en cuenta, arguyendo arbitrariamente que no era necesario el consenso para decidir, lo cual es una violación flagrante de las reglas del Convenio. Sería como afirmar, digamos, que se puede tener la presidencia sin ganar las elecciones.

Apelar a que no se necesita consenso, es paradójico en el caso de México, que estando solo en sus posiciones en el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, también de ONU, ha usado repetidamente el recurso de decidir por consenso, para impedir por ejemplo, acordar normas para etiquetar claramente los transgénicos. Allí igual que ahora, fue para defender los intereses de las trasnacionales y de Estados Unidos. Bolivia en cambio, defendió en Cancún con dignidad y valentía los intereses de los pueblos, expresados por más de 35 mil participantes en la Cumbre de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra realizada en Cochabamba. Los movimientos y organizaciones sociales lo saben y rendirse no está en la agenda.

La Jornada, México, 18 de diciembre 2010

*Investigadora del Grupo ETC

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domingo, noviembre 28, 2010

La Jornada, Mexico, 25 de noviembre 2010

Hacia Cancún: la nueva exportación mexicana

Larry Lohmann*


Pregunten a cualquiera cuáles son las exportaciones mexicanas más famosas en estos días y es probable que la respuesta venga envuelta en una sonrisa sardónica y una mirada señalando al norte: gente y drogas.

Hoy este país tiene un nuevo producto de exportación. No es tan conocido, pero no es un legado menos sombrío del neoliberalismo y del hábito de los países del norte de descargar sus problemas en el sur global: los derechos de contaminación.

De 2006 a la fecha, México ha estado enviando derechos de contaminación a países como el Reino Unido, Suiza, España, Francia, Japón y Holanda. Las empresas que compran los derechos –productoras de energía como Iberdrola o Electrabel, por ejemplo, o fabricantes de cemento como Cemex– se ven eximidas de la obligación legal de reducir sus emisiones de bióxido de carbono que les imponen las leyes europeas y japonesas referentes al clima. Como los derechos de contaminación en México se venden baratos, esas empresas ahorran millones y pueden retrasar por años las medidas contra el calentamiento global.

Los derechos de contaminación de México son también una mercancía de gran venta en los mercados financieros. Bancos privados como BNP Paribas y Credit Suisse, junto con intermediarios y comercializadores como Cargill, AgCert y Gazprom Marketing & Trading, los compran para especular y venderlos a terceros. ¿Y por qué no? Los precios son volátiles y se puede ganar mucho dinero. Y si el mercado global de derechos de contaminación por gases de efecto invernadero se vuelve tan grande como algunos prevén –billones de dólares–, nadie en Wall Street u otros centros financieros puede darse el lujo de quedar fuera.

¿Cómo funciona este comercio? La idea es simple: si según las leyes europeas o japonesas se tienen que reducir las emisiones de gases, y si los países industrializados no quieren pagar los costos que ello implica, ¿por qué no hacer reducciones donde es más barato, en países como China o México? Entonces las industrias de esos países pueden ganar dinero vendiendo las reducciones al norte.

¿Quién se beneficia en México? Bueno, si se tiene una industria sucia, habrá muchas emisiones por reducir y se puede ganar mucho dinero. No es sorprendente, pues, que más de dos docenas de gigantescas granjas porcícolas operadas por Granjas Carroll de México, subsidiaria de la estadunidense Smithfield Farms, obtengan ingresos extras capturando y quemando el metano que despide el excremento de cerdos. Y como el metano es un gas de efecto invernadero mucho más peligroso que el dióxido de carbono, quemar una sola tonelada de él en Puebla o Veracruz significa que se pueden vender derechos para emitir 20 toneladas de CO2 en Europa.

Si un empresario produce una sustancia que es un gas de efecto invernadero aún más potente, tanto él como los consultores que contrate en Estados Unidos, Europa o Japón pueden ganar todavía más dinero. Ahí está Quimobásicos de Nuevo León, el mayor exportador mexicano de derechos de contaminación. Con sólo destruir unos cuantos miles de toneladas de un gas llamado HFC-23, que se obtiene como producto secundario, Quimobásicos se dispone a vender derechos de contaminación por más de 30 millones de toneladas de bióxido de carbono a Goldman Sachs, EcoSecurities y la generadora japonesa de energía eléctrica J-Power. El costo para la empresa es de unos tres pesos por tonelada de CO2 equivalente, el cual, a precios actuales, puede vender por arriba de 200 pesos la tonelada.

Poca sorpresa es entonces que un montón de empresas y países en todo el mundo intenten calcular qué niveles de suciedad alcanzan, a modo de ganar dinero limpiando. Tampoco sorprende que el mercado de emisiones de efecto invernadero no beneficie a quienes en realidad cuidan el ambiente. Comunidades que llevan estilos de vida bajos en carbón, o que luchan por impedir la instalación de empresas contaminantes o industrias extractivas en sus regiones, sencillamente no son lo bastante sucias para obtener dinero de este comercio. Tampoco tienen dinero para aceitar las ruedas de los organismos reguladores y contratar a los caros consultores que se requieren para abrirse paso en este nuevo mercado.

En realidad, el mercado de los derechos de contaminación hace daño a esas comunidades. En el istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, muchas comunidades indígenas han cedido por poco dinero sus tierras a desarrolladores de granjas eólicas de España y México, sin darse cuenta de que esas empresas ganarán millones de dólares no sólo de la generación eléctrica, sino también del uso o la venta de derechos de contaminación en Europa.

¿Qué papel tiene en todo esto la próxima cumbre climática de la ONU en Cancún? No es de esperarse que muchos de los gobiernos participantes hagan llamados a terminar con este destructivo comercio. Después de todo, la ONU ayudó a crear este mercado en 1997 en Kyoto, y muchas personas lucran con él.

De hecho, Cancún podría empeorar las cosas, al permitir a los gobiernos vender en el mercado de la contaminación el carbón de sus bosques nativos. Tal acción podría disparar lo que una red de pueblos indígenas llama potencialmente la mayor apropiación de tierras en la historia.

Con tanto en juego, las varias caravanas y otras protestas que convergirán en Cancún en diciembre se vuelven más importantes que nunca. Sigan en contacto.

Traducción: Jorge Anaya

*Larry Lohmann trabaja con The Corner House, organización de solidaridad y desarrollo con sede en el Reino Unido, y ayudó a editar el libro El mercado de emisiones: cómo funciona y por qué fracasa

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miércoles, noviembre 24, 2010

La crisis como oportunidad - ¿de negocios?

Boletin WRM

Número 160 - Noviembre 2010

http://www.wrm.org.uy

El llamado “Capitalismo 2.0”, el modelo resurrecto del capitalismo liberal para capear los tembladerales financieros, en su nuevo ciclo de acumulación encuentra muy conveniente sacar provecho de la crisis climática. El propio presidente de la Shell en el Reino Unido expresó que, para los negocios, hacer frente al cambio climático es tanto una necesidad como una gran oportunidad.

El Protocolo de Kyoto proveyó forma y contenido y así se inventaron estrategias como el sistema Cap and Trade (fijación de limites máximos de emisión e intercambio de los derechos de emisión) y los Mecanismos de Desarrollo Limpio. El Banco Mundial, entre otros, también acudió presto, impulsando la idea de convertir la tragedia (emisiones de carbono) en mercancía y creando un mercado donde especular con ella, con la premisa de que el dinero puede arreglar el entuerto.

Pero lo que ha hecho el mercado de carbono y el consiguiente comercio de emisiones de carbono (CO2) controlado por el mismo sistema económico que está en la raíz de la crisis climática, ha sido contribuir a mantener la hegemonía del capital. Por este camino el pronóstico para el clima, pues, no es nada halagüeño.

“Soluciones” que son parte del problema

• CDM: ni desarrollo ni limpio

Vivimos tiempos en que es imprescindible saber que los programas de mitigación y adaptación al cambio climático, siguiendo lineamientos de la Convención sobre Cambio Climático y su Protocolo de Kyoto y basados en criterios de mercado, no han logrado revertir el cambio climático. Prueba rotunda de ello es que las emisiones de CO2 han seguido subiendo, así como la temperatura media mundial. (10) En cambio han sido exitosos ofreciendo buenos negocios de inversión en países del Sur y creando una especulación financiera que en algunos casos ha dado lugar a situaciones de corrupción.

En África, enorme continente codiciado por sus extensos territorios y pródigos bienes naturales, Blessing Karumbidza y Wally Menne denuncian (11) el caso de la aldea Idete en el distrito de Mufindi, provincia de Iringa, en la región meridional de Tanzania. Allí, en el marco de un proyecto de supuesto “desarrollo limpio” (con bajo nivel de emisión de carbono), la empresa noruega Green Resources Ltd. tiene un proyecto de plantación de monocultivos de eucaliptos y pinos exóticos en las húmedas praderas de la zona meridional de Mufindi.

El argumento es que las plantaciones de árboles son positivas para el cambio climático en la medida que actúan como “sumideros de carbono”, generando un “ahorro” de emisiones de carbono. Esas emisiones, bajo la figura de “certificados de reducción de emisiones” (CERs) o “créditos de carbono” pueden ser compradas en el mercado de carbono por industrias o gobiernos del Norte para compensar parte de sus obligaciones de reducción de emisiones. Es así como funciona el llamado “Mecanismo de Desarrollo Limpio” (MDL), apoyado sobre la falacia de que es válido compensar el carbono adicional extraído del subsuelo (combustibles fósiles) con el carbono atmosférico que se recicla manteniéndose en un balance estable.

Green Resources Ltd. espera que los monocultivos de árboles que ha establecido sobre valiosas praderas sean aceptados como MDL y generen CERs que podría vender al gobierno de Noruega. Queda por fuera la consideración de los impactos negativos de las plantaciones forestales sobre el suelo de la pradera, las reservas de agua y las comunidades rurales locales. Tampoco se tiene en cuenta que la pradera acumula una reserva de carbono que puede mantenerse allí durante cientos o miles de años y que bajo ciertas condiciones puede continuar en aumento.

La filial de Green Resources en Tanzania adquirió muy convenientemente 14.000 hectáreas de tierra a la comunidad de Idete, donde ya plantó 2.600 hectáreas. Tiene planes de seguir comprando más tierra: no menos de 170.000 hectáreas solo en Tanzania, donde le garantizan una tenencia de 99 años en un país de economía principalmente rural donde la posesión, acceso y control de la tierra es esencial para la supervivencia. Sus clientes cautivos son comunidades muchas veces en situación de pobreza y ajenas a la sofisticación de este tipo de negocios internacionales, y un gobierno dispuesto a cambiar los bienes naturales por inversiones extranjeras. No es difícil imaginar la situación y sus resultados. Para el gobierno de Noruega, importante productor y exportador de petróleo, el proyecto de la empresa nacional le sirve para comprar créditos de carbono y con ello poder afirmar que ha “compensado” sus emisiones domésticas. Para las comunidades queda poco, y menos aún en unos años, cuando las plantaciones empiecen a mermar sus reservas de agua. Es así como se gesta el “colonialismo de carbono”.

Es inaceptable que los fondos que supuestamente deben destinarse a resolver los problemas del clima sirvan para apoyar proyectos de monocultivos forestales a gran escala que, además de no contribuir a resolver realmente la crisis climática, aumentan la vulnerabilidad de las comunidades ante la pobreza y socavan su soberanía alimentaria.

biochar: ¿monocultivos forestales bajo tierra?

Otra de las “soluciones” que se han inventado como estrategia de “mitigación del cambio climático” – todo menos pensar en cómo desmantelar el modelo petrolero – es lo que se conoce como biochar. Se trata de quemar por pirólisis – proceso de descomposición química de materia orgánica por calentamiento en ausencia de oxígeno – “residuos” o cultivos agrícolas y madera de árboles plantados con ese fin. El carbón resultante, combinado con fertilizantes -producidos a base de combustibles fósiles- se agregaría al suelo donde permanecería “secuestrado”. El argumento es que adicionalmente regeneraría tierras degradadas. Por otro lado, sus propulsores argumentan que el proceso genera energía que se utilizaría para reemplazar algunos usos de los combustibles fósiles.

También en este rubro se habla de grandes posibilidades de inversión para lograr una producción de carbón a gran escala. Ya hay proyectos de biochar en marcha en varios países de África: Burkina Faso, Camerún, Côte d’Ivoire, República Democrática del Congo, Egipto, Gambia, Ghana, Kenia, Malí, Namibia, Níger, Senegal, Sudáfrica, Tanzania, Uganda y Zambia.(12)

Se especula que se necesitarían 500 millones de hectáreas de tierra o más para producir carbón, además de la energía correspondiente, seguramente en gran medida a partir de enormes extensiones de monocultivos de árboles (13) . Esto representa una terrible amenaza para el modo de vida de numerosas comunidades, entre ellas indígenas, que se verían desplazadas de sus tierras y perderían sus medios de vida. Incluso existe el riesgo de que estos peligros se potencien con el desarrollo de variedades de árboles genéticamente modificados (GM) para la producción de biochar, o que se extienda el número de especies de árboles de crecimiento rápido.

Hasta la fecha no hay estudios sobre los efectos a largo plazo del biochar en la estabilidad de los suelos, ni sobre lo que supondría para la biodiversidad apoderarse de hasta el tallo más delgado para quemarlo y enterrarlo, robando así nutrientes al suelo y materia orgánica con la que normalmente se produciría humus. También alteraría los ecosistemas naturales que cumplen una función esencial en la estabilidad y regulación del clima y son la base de la producción de alimentos y la protección del agua. Todavía no se sabe si el carbón aplicado al suelo representa de alguna manera un “sumidero de carbono”.

El PNUMA alerta sobre el desconocimiento de los impactos a largo plazo en la sustentabilidad agrícola y la biodiversidad y aconseja tratar la propuesta con gran cautela (14) . Esto no impide al lobby del rubro, representado por International Biochar Initiative, en su mayor parte empresas y académicos muchos de los cuales son cercanos a intereses comerciales, impulsar el biochar y tratar de incluirlo en los mercados internacionales de carbono.

Todo gira en torno al contenido de carbono, con la mirada puesta en el mercado de carbono.

• biomasa: estrategia de venta

Si no fuera trágico causaría hilaridad. Enfrentada como está la humanidad a una emergencia climática, somos testigos de cómo las mismas fuerzas económicas que forjaron el sistema industrial y petrolero que nos puso en esta situación, aparecen ahora promoviendo ciertos cambios para que todo siga como estaba. Entre otras cosas, el mismo volumen de transporte privado, el mismo tránsito de buques y aviones cargueros para que continúe el trasiego de mercaderías por los mercados globalizados, el mismo frenesí de producción industrial, la misma expansión de la agricultura industrial. Todo lo mismo, y en las mismas manos, pero con un toque de “bio”.

Surge así la propuesta de sustituir combustible fósil por combustible derivado de biomasa. ¿Sería posible?

Jim Thomas, de ETC, brinda una lista de productos y servicios producidos actualmente con combustibles fósiles: (15)

* Combustible para transporte (automóviles, camiones, aviones): junto con el combustible para calefacción acapara cerca del 70% del petróleo.

* Electricidad: carbón, gas natural y petróleo son actualmente responsables del 67% de la producción mundial de electricidad.

* Productos químicos y plásticos: aproximadamente el 10% de las reservas mundiales de petróleo se convierten en plásticos y petroquímicos.

* Fertilizantes: la producción a escala mundial requiere un uso intensivo de gas natural.

Hay fórmulas para pasar a “lo bio” a partir de biomasa: para el transporte es posible obtener etanol y biodiesel; en la electricidad se está mezclando la combustión de carbón con biomasa mientras se investigan formas de utilizar nanocelulosa y bacterias sintéticas para obtener corriente eléctrica de células vivas; se está pensando en utilizar azúcar para producir bioplásticos y productos químicos; el biochar se propone como un sustituto de los fertilizantes a escala industrial.

Como bien reflexiona Thomas, durante milenos el mundo vegetal ha sido fuente de combustible y de producción de materiales, pero el nuevo uso del término “biomasa” marca un cambio específico en la relación de la humanidad con las plantas. Se pierde el universo taxonómico de especies y variedades que este término sugería para tratar a la materia orgánica desde una óptica industrial como una sola cosa indiferenciada, una masa, la biomasa.

Es así que para el mundo del biocomercio, los ecosistemas, las plantas, la materia orgánica se reducen a denominadores comunes, a materias primas: las praderas y los bosques pasan a ser fuentes de celulosa o de carbono. Y desde esa mirada, los bosques y las plantaciones de monocultivos de árboles son la misma cosa, al igual que son lo mismo para quienes los ven como fuentes de madera o de carbono.

Por otra parte, la tierra fértil adquiere ahora un valor extra como fuente potencial de biomasa, lo que ya está acelerando la apropiación de tierras, básicamente en territorios del sur y muy especialmente en África. Las tecnologías para la transformación de biomasa – nanotecnología, biotecnología y biología sintética – son las herramientas que permitirán extraer la nueva materia prima.

Se va armando todo un crisol de fusiones y recambios empresariales en los sectores de los laboratorios químicos y biotecnológicos, las compañías forestales y el agronegocio para permitir este tipo de “cambios”: la apropiación de – en el mejor de los casos – una nueva materia prima para combustible, y nada más. Con ello se garantiza que todo siga en el mismo circuito de poder y se perpetúe el sistema de acumulación de capital, con su contracara de desigualdad, pobreza y exclusión. Intacto queda el modelo de producción, comercialización y consumo que está en la raíz de la crisis climática.

En el caso de los agrocombustibles, los que se plantea adoptar son el biodiesel (obtenido de plantas oleaginosas) y el etanol (que se obtiene de la fermentación de la celulosa contenida en los vegetales). Como no se está pensando en bajar la escala de la demanda, habría una enorme expansión de los monocultivos que servirían a ese fin, como es el caso de la soja, el maíz, la palma aceitera, la caña de azúcar, la jatrofa, el eucalipto, entre otros cultivos.

En 2006, y como parte de su compromiso por reducir las emisiones de carbono, la Unión Europea se fijó la meta de que en 2020 el 10% del combustible utilizado en el transporte fuera de origen agrícola. Las consecuencias de destinar lo que se anuncia llegarían a ser 69.000 km2 (6.900.000 hectáreas) de tierra inundados de plantaciones para agrocombustible levanta polvareda (16) . Tanto los sistemas de agricultura familiar y campesina como los bosques, praderas, humedales y diversos ecosistemas se verían avasallados por la expansión de los agrocombustibles.

De todas maneras, esto no implicará un cambio radical en la matriz energética mundial. Se siguen llevando a cabo exploraciones en búsqueda de combustibles fósiles, se continúa explotando carbón, petróleo y gas y no hay señales de que eso vaya a cambiar.

REDD

Una nueva falsa solución ha aparecido para convertirse en un programa estrella, debidamente maquillado de verde como para generar confusión … y más negocios. Los proyectos llamados REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de bosques), si bien aún en ciernes, ya se perfilan como un mecanismo de mercado que servirá para “compensar” emisiones de carbono. Los créditos de carbono que se diseñen por dejar intocada determinada región boscosa podrían venderse en los mercados de carbono internacionales y los comprarían los países contaminadores del norte, para contabilizarlos como parte de sus compromisos de reducción de emisiones. Otra forma para que todo siga como está.

No obstante, el paquete en que se presenta REDD resulta atractivo: ¿qué mejor para una comunidad del bosque que le garanticen que su bosque estará protegido y además le paguen por conservarlo? Sin embargo, es difícil creer que las mismas fuerzas mercantiles impulsoras de la contaminación, se conviertan en generosas benefactoras.

Las comunidades que dependen de los bosques verían sus formas de vida drásticamente cambiadas. En el marco de un proyecto REDD perderían su derecho de acceso al bosque en la medida que cualquier uso del mismo (para leña, para construcción, para cultivo, para medios de vida) se entendería como “degradación” porque reduciría el carbono almacenado en el bosque. Esas limitaciones sin duda que repercutirán en la soberanía alimentaria, la trama social y la identidad cultural de los pueblos indígenas y comunidades campesinas.

Por otro lado, es evidente que esta medida no puede considerarse seriamente como una reducción a largo plazo de las emisiones de carbono. En primer lugar porque, como ya lo hemos comentado (ver http://www.wrm.org.uy/publicaciones/REDD.pdf), se basa en la premisa de que el carbono liberado a partir de la deforestación es el mismo que el carbono resultante de la quema de combustibles fósiles. Dicha premisa es falsa, ya que el cambio climático no se origina en las emisiones de los bosques, sino en el constante aumento del stock total de carbono atmosférico debido a la quema de combustibles fósiles. Es ese carbono, almacenado en el subsuelo durante millones de años bajo la forma de carbón, petróleo y gas el que genera el problema. Dicho carbono - que no forma parte del ciclo natural del carbono emitido y absorbido permanentemente por los vegetales - comenzó a acumularse en la atmósfera y dio lugar al calentamiento global, que a su vez desencadena el cambio climático.

Pretender que las emisiones de carbono de los combustibles fósiles se puedan “compensar” por el simple expediente de evitar emisiones resultantes de la deforestación es un argumento falso, dilatorio y letal.

NO A REDD

Es por eso que desde las organizaciones sociales las denuncias contra los proyectos REDD se han ido convirtiendo en expresiones de rechazo, plasmadas en el representativo Acuerdo de los Pueblos, del 22 de abril, en Cochabama, Bolivia, donde más de 30.000 personas, en su gran mayoría representantes de organizaciones sociales, exigieron a los países desarrollados que reduzcan en al menos 50% sus emisiones, y que lo hagan realmente, no mediante sistemas tramposos “que enmascaran el incumplimiento de las reducciones reales de emisiones de gases de efecto invernadero”, como los mercados de carbono o el mecanismo REDD sobre el cual el Acuerdo expresa: “Condenamos los mecanismos de mercado, como el mecanismo de REDD (Reducción de emisiones por la deforestación y degradación de bosques) y sus versiones + y ++, que está violando la soberanía de los Pueblos y su derecho al consentimiento libre, previo e informado, así como a la soberanía de Estados nacionales, y viola los derechos, usos y costumbres de los Pueblos y los Derechos de la Naturaleza”. (17)

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jueves, julio 01, 2010

¿Para qué sirve el comercio de carbono?

Chris Lang, http://chrislang.org

Patrick Birley, Director Ejecutivo de European Climate Exchange (empresa líder en el comercio de carbono en Europa y a nivel internacional, sic de su página web), sabe un par de cosas sobre el comercio de carbono. O debería saber. Dice que alrededor del 95 por ciento de la comercialización de carbono del mundo se hace a través de su empresa. Por lo tanto, haríamos bien en escucharlo cuando habla sobre mercados de carbono.

Esto es lo que tiene para decir sobre el comercio de carbono: “No reduce ni en una sola tonelada del carbono liberado en la atmósfera. No tiene nada que ver con eso. Es una cuestión de topes. El sistema de topes es lo que produce, a largo plazo, una disminución de la cantidad de carbono liberado en la atmósfera.”

El que habla no es un anarquista anti-mercado ni anti-globalización. Es el director de European Climate Exchange hablando en Irlanda en noviembre de 2009, durante un evento organizado por el Instituto de Asuntos Internacionales y Europeos. Pero si el comercio de carbono no reduce las emisiones de carbono, ¿para qué sirve entonces?

Desafortunadamente, sobre este punto la presentación de Birley fue un poco más vaga. “Hay gente que gana y otra que pierde dinero,” explicó. Claro que él es uno de los que ganan. “Yo soy ciertamente una empresa con fines de lucro que apunta a generar las mayores ganancias posibles para sus accionistas, y eso no me avergüenza en absoluto.”

Pero el comercio de carbono no se trata sólo de hacer dinero. Luego de repetir que su empresa no hace nada por reducir la cantidad de carbono liberado en la atmósfera, Birley dijo: “Estamos ayudando a aquellos que reducen su carbono a gestionar los riesgos asociados.”

En una de las diapositivas de su presentación, titulada “¿Quién es el mercado?”, Birley detalla cuatro grupos: administradores de fondos de alto riesgo, inversores, arbitrajistas y especuladores. ¿Alguien recuerda la crisis de los créditos subprime? ¿Acaso no fue disparada precisamente por esos fabricantes de ganancias que gestionan los riesgos de otra gente con dinero de otra gente?

A comienzos de este año entrevisté a Jeff Horowitz, fundador de Avoided Deforestation Partners, una organización con sede en Estados Unidos, que trabaja para que las compensaciones de carbono forestal se incluyan en la legislación climática de ese país. Le pregunté a Horowitz por qué estaba a favor del comercio de créditos de carbono de los bosques, siendo que éstos no reducen las emisiones ni pueden hacerlo. En cinco largos párrafos, la única respuesta que dio a esta pregunta fue argumentar que “sin la capacidad de producir compensaciones REDD creíbles y ambientalmente de peso, los objetivos de reducción que los políticos podrían lograr disminuirían significativamente.” Patrick Birley también espera que el comercio de carbono “haga que la industria esté dispuesta a aceptar una disminución mayor en cuanto a los topes.”

Pero cuando observamos esos topes, encontramos poca o ninguna evidencia que respalde este argumento. Durante el fiasco de las negociaciones climáticas de la ONU en Copenhague a fines del año pasado, Estados Unidos y un puñado de países más presentaron al mundo el Acuerdo de Copenhague. Dicho Acuerdo menciona REDD, pero quienes lo escribieron tomaron el ya frágil límite del Protocolo de Kyoto y lo devolvieron tan lleno de agujeros que apenas se lo reconoce como un tope. Un análisis del Potsdam Institute for Climate Impact Research, publicado en abril en la revista Nature, reveló que: “Los actuales compromisos nacionales de reducción de emisiones que acompañan el Acuerdo de Copenhague no limitarán el calentamiento global a dos grados Celcius. De hecho, implican un aumento de la temperatura global media de más de tres grados Celcius en este siglo.”

La industria contaminante es, al menos a veces, muy honesta acerca de sus motivos para apoyar el comercio de carbono. American Electric Power (AEP) es el mayor quemador de carbón de Estados Unidos. En 2008, Diane Fitzgerald, directora de medio ambiente y seguridad de AEP, explicó a la revista Time: “Compararemos las compensaciones forestales con proyectos como la energía renovable, y tendremos que tomar la mejor decisión financiera.”

Un año después, Michael G. Morris, presidente de AEP, dijo al Washington Post: “Cuando Greenpeace dice que la única razón por la cual American Electric Power quiere hacer esto es porque no quiere cerrar sus centrales a carbón, mi respuesta es, ‘Por supuesto, porque nuestras centrales a carbón sirven a nuestros clientes de manera muy efectiva en cuanto a la relación costo-beneficio’.” La industria quiere que haya comercio de carbono para no tener que reducir las emisiones. Al mismo tiempo, la industria contaminante puede aparentar que está haciendo algo cuando compra créditos de carbono.

Se espera que este comercio de una mercancía que nadie puede ver represente un mercado de 3 billones de dólares para 2020. Esto si el mercado no colapsa antes. El fraude de 7 mil millones de dólares destapado recientemente en la UE ilustra la posibilidad de que se involucre el crimen organizado. Comercializar carbono no reducirá las emisiones pero permitirá que la industria siga empleando tecnologías contaminantes.

Si se lograra reducir significativamente las emisiones, poner fin a la exploración en busca de nuevos combustibles fósiles, no construir nuevas centrales energéticas a carbón y realizar un cambio estructural hacia la producción de energía renovable, tal vez entonces el comercio de carbono pasaría a ser una atracción secundaria, sin gran relevancia. Pero, tal como están las cosas, nada de eso está sucediendo, y el comercio de carbono permite a la industria seguir funcionando como de costumbre. Es para eso, y para ganar dinero, que sirve el comercio de carbono.


Tomado de:

Monthly Bulletin of the World Rainforest Movement
This Bulletin is also available in French, Spanish and Portuguese
Editor: Ricardo Carrere

WRM International Secretariat
Maldonado 1858 - 11200 Montevideo - Uruguay
tel: 598 2 413 2989 / fax: 598 2 410 0985
wrm@wrm.org.uy - http://www.wrm.org.uy

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miércoles, abril 28, 2010

Conclusiones del grupo de trabajo sobre Peligros del Mercado de Carbono de la CMPCC


"Consideramos inadmisible que las negociaciones en curso pretendan la creación de nuevos mecanismos que amplíen y promuevan el mercado de carbono, toda vez que los mecanismos existentes nunca resolvieron el problema del Cambio Climático ni se transformaron en acciones reales y directas en la reducción de GEI."

1. El rotundo fracaso del mercado de carbono es innegable sabiendo que las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) se han incrementado en 11.2 % dentro de los países desarrollados en el periodo 1990 – 2007 [1], fallando en el cumplimiento de su objetivo central.

2. En el año 2008 se otorgaron Derechos de Emisión de GEI por una cantidad cuatro veces mayor a las emisiones de 1990, en el mismo período las transacciones totales de bonos de carbono ascendieron a 126.346 millones de dólares, de los cuales el 73% correspondió a Permisos de Emisión [2], monto que benefició a agentes intermediarios.

3. El mercado de carbono propicia la evasión de responsabilidades de los países desarrollados. Así impide la reducción de sus emisiones domésticas, trasladando sus responsabilidades a los países en desarrollo.

4. La reducción de GEI se transformó en un negocio lucrativo, mercantilizando nuestra Madre Tierra, éticamente no representa una alternativa para afrontar el cambio climático, puesto que saquea, devasta la tierra, el agua e incluso la vida misma.

5. La reciente crisis financiera ha demostrado que el mercado es incapaz de regular el sistema financiero, que es frágil e inseguro ante la especulación y la aparición de agentes intermediarios, por lo tanto, sería una total irresponsabilidad dejar en sus manos el cuidado y protección de la propia existencia humana y de nuestra Madre Tierra.

6. Rechazamos el cambio del uso del suelo que implica exclusión de ecosistemas existentes para transformarlos en enormes extensiones de plantaciones de árboles de especies exóticas (no nativas) de rápido crecimiento como el eucalipto. Por lo tanto los suelos no cumplirán la función de sumidero de carbono y corren el riesgo de transformarse en fuente de carbono, contribuyendo aún más al efecto invernadero.

7. Condenamos terminantemente la utilización de límites de emisión desmesurados, “hot - air”, concedidos a los países de Economías en Transición (ex Unión Soviética) para el cumplimiento de compromisos de reducción de emisiones en países desarrollados.

8. Demandamos que la preservación de centros ecológicos que coadyuvan al control y captura de GEI, merezca una indemnización por parte de los países desarrollados fuera del mercado de carbono. Estos recursos deben estar sometidos a la soberanía de los pueblos y de los Estados Nacionales.

9. Rechazamos las falsas soluciones que promueve el mercado de carbono como ser: MDL, plantaciones forestales, monocultivos, cultivos transgénicos, mega minería a cielo abierto, geoingeniería [3], mega - proyectos de infraestructura (IIRSA) o planes de captura y almacenamiento de CO2 y energía nuclear.

10. Consideramos inadmisible que las negociaciones en curso pretendan la creación de nuevos mecanismos que amplíen y promuevan el mercado de carbono, toda vez que los mecanismos existentes nunca resolvieron el problema del Cambio Climático ni se transformaron en acciones reales y directas en la reducción de GEI.

11. Condenamos rotundamente el mercado de carbono oponiéndonos a cualquier intento de ampliación y creación de nuevos mecanismos como los establecidos en el entendimiento de Copenhague.

“La vida de la humanidad y de la Madre Tierra no se compra ni se vende se recupera y se defiende”. Instamos y convocamos a todos los seres humanos, a unirse y tomar acciones en defensa de la vida y la subsistencia de la Madre Tierra.

Notas

1. Informe Convención Marco sobre el cambio climático CMCC (21 Oct 2009), ver aquí

2. Informe State and Trends of the carbón markets 2009 del Banco Mundial, ver aquí

3. La geoingeniería la manipulación deliberada, a gran escala, de los sistemas planetarios, como los relacionados a la estratósfera o el océano para demorar o reducir el cambio climático, es el intento más peligroso de utilización de tecnologías no probadas para obtener ganancias a partir del comercio de carbono. Incluso más alarmante es que algunos países industrializados y corporaciones quieran imponer la geoingeniería como un remedio técnico planetario que permitirá a los más ricos seguir devastando la Madre Tierra sin restricción.

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miércoles, diciembre 23, 2009

Agrocombustibles incluidos en el comercio de carbono

CARMELO RUIZ MARRERO
Informe de Biodiversidad de CIP Programa de las Américas
http://www.ircamericas.org/esp/6632


Créditos de carbono: para destruir la
biodiversidad. Foto: www.salvalaselva.org.

Los créditos de carbono de las Naciones Unidas para subvencionar la producción de agrocombustibles amenazan la biodiversidad y los bosques, denuncia la campaña internacional Salva la Selva. Estos créditos son gestionados mediante el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), un llamado "mecanismo de mercado" establecido como parte del Protocolo de Kyoto, el cual hace posible que industrias contaminantes en países del Norte "compensen" por sus emisiones de gases de efecto invernadero financiando proyectos en el Sur global que supuestamente secuestran carbono.

"La mayoría de los créditos de carbono del MDL se dirigirán a industrias contaminantes en el Sur, a expensas de las comunidades locales, sus derechos y su medio ambiente", advierte Salva la Selva, cuya sede es en Alemania. "Cada vez más créditos de carbono del MDL se destinarán a plantaciones de monocultivo en el Sur -lo que desde ahora incluye plantaciones de soja, la palma aceitera y la jatrofa para agrocombustibles."

"Grandes cantidades de emisiones de dióxido de carbono de plantas energéticas a base de carbón en Europa pueden ahora ser oficialmente 'compensadas' por empresas que paguen para plantaciones de soja en Brasil, o de palma aceitera... Esto impulsará más deforestación y destrucción de otros ecosistemas, y así, más cambio climático."

La decisión de la junta ejecutiva del MDL de respaldar este "comercio de carbono" se debió en buena parte a una petición de la empresa Agrenco Group. Esta compañía se autodescribe como "una firma internacional especializada en el aprovisionamiento integrado de soluciones estandarizadas para clientes y socios en el sector de agronegocios... Asiste al ciclo completo desde el producto al consumidor, con financiación para agricultores, logística, almacenanamiento, operaciones portuarias, fletes, exportación y distribución."

El grueso de sus operaciones se ubican en los estados brasileños de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Goiás y Paraná, planea expandir sus actividades a los estados norteños de Maranhão, Piauí y Tocantins, y tiene además presencia en Paraguay y Argentina. Agrenco dice ser "un líder de mercado en la oferta de soya y derivados libres de transgénicos en el mercado europeo"- tiene unidades de distribución y mercadeo en Francia, Italia, Reino Unido y Noruega.

Según Salva la Selva, Agrenco usará el mercado de carbono para financiar sus monocultivos de soya en Mato Grosso. "Mato Grosso tiene la tasa más alta de deforestación dentro de la Amazonía, debido principalmente a los monocultivos de soja. El cerrado, que es la sabana más biodiversa del mundo, también está siendo destruida a causa de la expansión de la soja en Mato Grosso, y con ella, el sustento de comunidades indígenas, entre otras. Además, el Mato Grosso es uno de los dos estados en la Amazonía brasilera con la tasa más alta de apropiación ilegal de tierras, que es algo muy común entre las empresas que establecen plantaciones."

Salva la Selva exhorta a todos a firmar una carta a la junta ejecutiva del MDL en la cual se le pide que reconsidere su endoso a los agrocombustibles, el cual "se traducirá en más apropiación de tierras, más personas que pasan hambre, más destrucción de ecosistemas y biodiversidad, más contaminación de aguas y agotamiento y degradación del suelo y más cambio climático", dice el texto.

Para más información y para leer la carta: http://www.salvalaselva.org/protestaktion.php?id=495.

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sábado, noviembre 14, 2009

El comercio de carbono, el próximo mercado especulativo

04/11/09

Los planes para ampliar los mercados de carbono en la Cumbre del Clima en diciembre podrían accionar una segunda debacle financiera como la que hemos vivido, lo que haría imposible proteger al mundo del calentamiento, advierte un nuevo informe de Amigos de la Tierra.

“Una obsesión peligrosa” se centra en la compra y venta de una nueva y artificiosa comodidad, el derecho a emitir dióxido de carbono. Los países industrializados quieren ampliar este nuevo negocio al mercado global, y están presionando para que se normalice durante las negociaciones en Copenhague.

El comercio de los créditos de carbono, según datos europeos, ascendió a 126.000 millones de dólares en 2008, y se espera que llegue a los 3,1 billones en 2020.

Sin embargo, la mayoría de las transacciones no se llevan a cabo por las industrias más contaminantes y las fábricas que basan su estrategia en el mercado de carbono, sino por los bancos y los accionistas que se benefician de la especulación en estos mercados, con productos financieros de carbono cada vez más complejos.

El informe de Amigos de la Tierra señala que la obsesión de los Gobiernos de solucionar el calentamiento global mediante los mercados de carbono es arriesgada, irresponsable y peligrosa.

Los esquemas actuales del comercio de carbono no están cumpliendo con las reducciones de emisiones prometidas, y confiar en este mecanismo para reducir las emisiones globales significa un atentado contra la salud del planeta y el futuro de millones de personas.

El comercio del carbón también está siendo utilizado como cortina de humo por los países industrializados para evitar un compromiso legal y moral para proporcionar financiación y tecnología a los países del Sur para crecer de manera limpia y para poder adaptarse al cambio climático. Amigos de la Tierra invitan al Gobierno a utilizar herramientas simples, directas y ya probadas políticamente, como impuestos sobre el carbono y la reducción de emisiones de un 40% antes de 2020, sin que exista la posibilidad de compensación de carbono.

Notas:

1. El informe en inglés, “A dangerous obsession”, está disponible en el siguiente enlace: http://www.foe.co.uk/resource/reports/dangerous_obsession.pdf

Para más información:

Teresa Rodríguez, prensa de Amigos de la Tierra: prensa@tierra.org, 913069900/21 - 680 936 327

Alejandro González, responsable de Clima y Energía de Amigos de la Tierra. Tel 691482308



http://www.tierra.org/spip/spip.php?article935

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