lunes, enero 19, 2009

Los combustibles “verdes” de Obama



Durante su campaña Barack Obama, presidente electo de Estados Unidos, promovió continuamente los agro- combustibles como parte de su “nueva economía verde”. Obvió la creciente cantidad de estudios que muestran que los agrocombustibles tienen una eficiencia energética negativa (usan más combustibles fósiles de los que dicen suplantar, empeorando las causas del cambio climático), que compiten con la producción alimentaria (por los cultivos, tierra, agua y nutrientes) y que para alcanzar las metas de uso de “biocombustibles”, no alcanza con la producción en Estados Unidos, por lo que fríamente se cuenta con la producción de granos en países del sur, donde se agravan todos los problemas anteriores. Actualmente, Estados Unidos dedica la tercera parte de su producción de maíz para etanol.

La elección y próximo nombramiento de Tom Vilsack como secretario de Agricultura y Steven Chu como secretario de Energía, revelan que la política de la administración Obama será no solamente continuar con esta dañina industria, a la que ya aseguró nuevos subsidios –que solamente beneficiarán a las transnacionales del sector–, sino también promover agresivamente el desarrollo de nuevas y más riesgosas generaciones de agrocombustibles, basadas en nuevos cultivos transgénicos y biología sintética (seres vivos diseñados con genes artificiales).

Tom Vilsack, ex gobernador de Iowa, fue nombrado en 2001, “gobernador del año” por la Organización de la Industria Biotecnológica (BIO, que agrupa a mil 200 empresas biotecnológicas a escala global, incluyendo Monsanto y las demás que monopolizan los transgénicos), “por su apoyo al crecimiento económico de esta industria”. Anteriormente, había fundado una asociación (Governors’ Biotechnology Partnership) para promover los transgénicos con los otros gobernadores. En 2002 defendió fieramente el uso de maíz para producir fármacos, e incluso criticó a la propia industria, que obligada por las críticas públicas y escándalos de contaminación con ese maíz no comestible, había anunciado una restricción voluntaria de los farmacultivos. Con igual entusiasmo defendió la clonación de vacas lecheras. El apoyo no fue solamente discursivo. Durante su gobierno, Trans Ova Genetics, dedicada a la clonación de vacas lecheras, recibió 9 millones de dólares en subsidios y ProdiGene, la empresa multada en 2002 por contaminación con maíz farmacéutico, recibió 6 millones de las arcas del estado. En 2005 fue el autor intelectual de una ley que restringe el derecho de los gobiernos locales a regular los transgénicos. No sorprende que sea también un entusiasta defensor de los agrocombustibles transgénicos de maíz y soya. Sólo faltaba el elemento realmente “innovador”, que aportará el nuevo secretario de energía, Steven Chu.

Chu es físico y premio Nobel. Viene del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, donde dirige un proyecto de energía, cuya meta es “producir tecnologías transformadoras en nanotecnología y biología sintética”. Sus principales colaboradores son industriales de la biología sintética. Jay Keasling, fundador de Amyris Biotech, es codirector del proyecto. En una presentación reciente ante el Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado de Estados Unidos (Science News, 13/1/09) Chu se declaró dispuesto a desarrollar la industria nuclear y a continuar el uso de carbón a gran escala, siempre que se siguieran desarrollando proyectos de secuestro de carbono. O sea, seguir creando gases de efecto invernadero, pero promoviendo el jugoso negocio –inútil para prevenir el cambio climático– del comercio de emisiones de carbono. Pero en lo que se mostró realmente apasionado, es en el desarrollo de una “cuarta generación de biocombustibles”, a partir de biología sintética, proyecto en el que ha estado trabajando desde hace dos años. Se trata, explicó, de microbios “entrenados” –leáse manipulados con biología sintética, o sea mucho peor que solamente transgénicos– para transformar cualquier tipo de azúcares, no sólo en etanol, sino también en “sustitutos similares a la gasolina, diesel y combustible de jets”. Aseguró que se podría usar cualquier materia prima, como residuos de maíz y otros cultivos, pero lo interesante serían cultivos para forraje y otros para producir etanol celulósico (que necesariamente requieren biología sintética y transgénicos para ser procesados).

Lo único realmente verde de estas nuevas generaciones de combustibles será el dinero que ya están viendo las grandes industrias de los transgénicos, agronegocios, petroleras y farmacéuticas, que son los inversores y asociados de las compañías de biología sintética. Como son trasnacionales no es un problema sólo estadunidense: esto es el impulso que buscaban para expandir estas nuevas tecnologías contaminantes al resto del mundo. En México, la presión por sembrar nuevos maíces transgénicos y farmacultivos, crecerá “oficialmente”. La empresa de Keasling, Amyris, ya tiene contratos en Brasil con grandes productores de caña de azúcar. Lo que nos legará un aumento de la disputa por tierras y agua, los residuos y contaminación transgénicas y los nuevos riesgos de los microbios sintéticos.

*investigadora del Grupo ETC

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viernes, enero 16, 2009

http://www.counterpunch.org/grossman01152009.html

Chu, Holdren and the Nuclear Lobby

Obama and the Military - Industrial - Scientific Complex

By KARL GROSSMAN

Dwight Eisenhower’s farewell address as president 48 years ago is famous for his warning of the rise of a “military-industrial complex” in the United States. In fact, the original draft of the speech warned not only of a “military-industrial complex” but of the “military-industrial-scientific complex.” Only because of the plea of Eisenhower’s science advisor, James Killian, was the word “scientific” eliminated.

The “military-industrial-scientific complex” was the far more accurate description of the complex of vested interests manipulating the U.S. then—and now. As the incoming president, Barack Obama, draws from this federal scientific establishment for appointments, the warning needs to be sounded again.

Obama has named as his secretary of energy Dr. Steven Chu, a physicist and director of Lawrence Berkeley National Laboratory and a staunch advocate of nuclear power—typical of the sentiment of those in the national nuclear laboratory system. At his confirmation hearing Tuesday before the Senate’s Energy and Natural Resources Committee, Dr. Chu declared that nuclear power “is going to be an important part of our energy mix.” He also spoke for an $18.5 billion loan guarantee program for new nuclear power plants.

As his science advisor, Obama has appointed physicist John Holdren, who in 1970 “started my career working on nuclear fusion” at Lawrence Livermore National Laboratory, he noted in a speech last year. Lawrence Livermore National Laboratory is where the hydrogen bomb, based on fusion, was developed. But, said Dr. Holdren in his January 17, 2008 talk on “Meeting the Climate-Change Challenge,” he “decided” that fusion “was not going to work by the time I died” in terms of non-military use. So he “started looking at approaches to meet our energy needs that could help more quickly.” He has long considered fission, how atomic bombs and nuclear power plants work, as a source of energy particularly to deal with global warming. This despite the overall “nuclear cycle”—which includes uranium mining and milling, enrichment, fuel fabrication and disposal of radioactive waste—having significant greenhouse gas emissions contributing to global warming.

Dr. Holdren, although he moved on to teaching positions at the University of California at Berkeley and Harvard and the directorship of the Woods Hole Research Center, remained “an active consultant until 1994” to Lawrence Livermore, stated a press release issued by Woods Hole upon his nomination by Obama last month as science advisor. (For more on Holdren see Jeffrey St. Clair's profile of the scientist and his promotion of nuclear power in Born Under a Bad Sky.)

Eisenhower in the January 17, 1961 address declared: “In the council of government, we must guard against the acquisition of unwarranted influence, whether sought or unsought, by the military-industrial complex. The potential for the disastrous rise of misplaced power exists and will persist.”

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miércoles, diciembre 31, 2008

La silla caliente

La elección de Barack Obama alegró a los ambientalistas de todo el mundo. Pero el cuadro que enfrenta el presidente electo es sumamente difícil de manejar.

Por Carmelo Ruiz Marrero

La elección del senador Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos ha llenado de regocijo a ambientalistas en Estados Unidos y en el resto del mundo. Fue mucho lo que le tuvieron que aguantar a su predecesor George W. Bush por ocho años: su negativa a cooperar con esfuerzos internacionales para contrarrestar el cambio climático, su poco apoyo a las fuentes energéticas renovables, su empeño en abrir el lecho marino y el norte de Alaska a la explotación petrolera, y mucho más.

El movimiento ambientalista espera que Obama fortalezca las protecciones ambientales y que a nivel internacional asuma un liderazgo positivo para afrontar amenazas globales como la crisis energética y el cambio climático. En cuanto a estos dos problemas el nuevo presidente enfrenta un cuadro sumamente difícil.

El cénit del petróleo
Si el petróleo realmente se está agotando, parecería que nadie en Estados Unidos se ha enterado. Con sólo 5% de la población mundial, EE.UU. es responsable de 25% del consumo mundial de energía. 40% de la energía del país viene del petróleo- 840 millones de barriles por día. Otro 23% viene del carbón y otro 23% del gas natural. Los tres son combustibles fósiles, causan calentamiento global y no son renovables.

RECUADRO: El equipo ambiental

Lisa Jackson, Agencia de Protección Ambiental (EPA)
Jackson fue anteriormente comisionada del Departamento de Protección Ambiental del estado de Nueva Jersey. La organización Empleados Públicos por la Responsabilidad Ambiental (PEER) le pidió a Obama que retire el nombramiento debido a que cuando dirigió el Departamento ella apoyó las mismas políticas ambientales que Obama condenó en su campaña.

La organización acusa a Jackson de tomar decisiones de manera politiquera, suprimir información científica, y de hacer amenazas y emitir órdenes de mordaza para silenciar a subalternos que expresaban discrepancias. También denuncia PEER que el programa estatal de manejo de desperdicios peligrosos estaba tan mal administrado bajo la incumbencia de Jackson que la EPA tuvo que intervenir y hacerse cargo.

Kenneth Salazar, secretario del Interior
Salazar, senador por el estado de Colorado, favorece que se aumente la extracción doméstica de carbón, petróleo y gas natural, por lo cual no tiene el visto bueno del movimiento ambiental.

“A menudo favorece la industria y el agronegocio en batallas en torno al calentamiento global y especies en peligro”, acusó Kieran Suckling, director ejecutivo del Centro para la Diversidad Biológica (www.biologicaldiversity.org). “Es improbable que traiga cambio significativo al Departamento del Interior, el cual está plagado de escándalos... (su nombramiento) es decepcionante”.

Daniel R. Patterson, ex funcionario del Departamento del Interior y miembro de PEER, dijo a The New York Times que Salazar tiene un récord muy débil en lo que se refiere al desarrollo energético, calentamiento global, especies en peligro y la protección de la integridad científica. “No sorprende que industrias contaminadoras como petróleo, gas, minería, agronegocio y otras que han dominado el Departamento ahora apoyan a Salazar- es su amigo”.

Steven Chu, secretario de Energía
Chu, ganador del Premio Nobel de física, actualmente dirige el laboratorio federal Lawrence Berkeley. Por un lado, los ambientalistas están complacidos con el apoyo de Chu a la energía solar y las medidas de eficiencia energética. Pero por otro lado están preocupados por su apoyo a la energía nuclear.

Chu “está atrapado en la mentalidad nuclear”, dice Jim Riccio de Greenpeace USA. “La energía nuclear no puede atender el calentamiento global. Dentro del marco de tiempo necesario sería prohibitivamente cara y desplazaría las soluciones reales”.

Por su parte, Ralph Herbert, profesor de estudios ambientales en la Universidad de Long Island, advierte que debido a su costo, la opción nuclear no es compatible con otras opciones. “Si pones dinero en tecnologías de energía verde como solar, viento y otras, no puedes a la misma vez ponerlo en la energía nuclear... Aquí tiene que haber una visión... y un compromiso pleno con la energía verde”.

Y fuera de EE.UU. el panorama no luce mejor. A nivel mundial se queman sobre 3.5 millones de barriles de petróleo por hora.

La Agencia Internacional de Energía (IEA) acaba de anunciar que el cénit del petróleo, el momento “peak oil” en que las reservas mundiales ya no darán abasto para satisfacer la demanda mundial, posiblemente se dará en 2020 o poco después. Según Robert L. Hirsch, autor de un informe sobre “peak oil” comisionado por el Departamento de Energía federal publicado en 2005, hay que emprender medidas drásticas a velocidad relámpago 20 años antes del momento del “peak oil” o enfrentaremos un colapso económico mundial con consecuencias políticas y sociales incosteables. Si Hirsch y la IEA ambos tienen razón, ya se nos pasó la fecha.

Reafirmo lo que dije en una columna de opinión anterior: el “peak oil” no me quita el sueño. ¿Por qué? Porque se queda pequeño ante los descalabros del cambio climático. Los efectos del calentamiento global -suponiendo que no hagamos nada para contrarrestarlo- serán tan extremos que el cénit del petróleo será un inconveniente menor. Y estos efectos se harán sentir antes del cénit del petróleo. Dicho de otro modo, no esperen que un agotamiento del petróleo nos salve del cambio climático.

El cambio climático
Hace un año el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, institución científica que comparte con Al Gore el Premio Nobel de 2007, anunció que a fines de este siglo el Ártico se quedará casi sin hielo en los veranos. Pero un informe recién publicado por el Centro para la Investigación en el Interés Público de Inglaterra (www.pirc.info), advierte que el Ártico podría quedarse sin hielo de verano dentro de tres a siete años.

Sin embargo, los gobiernos y grandes corporaciones han seguido expandiendo sus actividades contaminantes como si nada. Según datos del Earth Policy Institute (www.earthpolicy.org), las emisiones de gases que causan calentamiento global aumentaron 20% de 2000 a 2006 y continúan aumentando.

Militares y espías ya se están preparando para el nuevo mundo alterado por el cambio climático. La marina de guerra de EE.UU. está planificando para operativos navales en un oceano Ártico sin hielo. En 2007 la compañía CNA, que realiza trabajos para el Pentágono, sacó un informe sobre la amenaza del calentamiento global a la seguridad nacional (securityandclimate.cna.org), y el pasado mes de junio, 16 agencias de espionaje del gobierno federal le presentaron al Congreso un terrorífico informe sobre las implicaciones del cambio climático para la seguridad nacional de aquí al 2030.

Las palabras de Obama en la Cumbre de los Gobernadores sobre Cambio Climático, celebrada en California en noviembre, han dado a muchos ambientalistas la esperanza de que el nuevo presidente cumplirá con los compromisos del Protocolo de Kioto, acuerdo internacional para combatir el cambio climático firmado en 1997 (pero hasta ahora boicoteado por EE.UU.). Pero según el incisivo periodista británico George Monbiot, las propuestas que presentó Obama en la Cumbre son ahora irrelevantes debido a los años de inacción de las administraciones Clinton-Gore y Bush-Cheney. Ahora nuestra única opción es un programa mundial relámpago para transformar nuestro sector energético, dice Monbiot.

Sostiene el Centro Tyndall para Investigaciones sobre Cambio Climático (www.tyndall.ac.uk) que las emisiones de gases de invernadero deben dejar de aumentar a más tardar en 2015 y después bajar 6% a 8% por año hasta 2020 ó 2040. Obama propone bajar las emisiones en un 80% para 2050. Pero el Centro Tyndall insiste en que para 2050 las emisiones deben ser cero. Monbiot calcula que para lograr esa meta habría que reducir el consumo mundial de recursos en un 10%, lo cual equivaldría a una depresión económica en una escala que el mundo moderno nunca antes ha visto.

Van a ser unos cuatro años bien pero que bien difíciles.

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lunes, diciembre 29, 2008

Is Steven Chu BFF With BP?

News: How Obama's DOE head got $500 million BP bucks to bankroll Berkeley research—and what it means for our energy future.

December 18, 2008

Steven Chu, President-elect Barack Obama's choice to lead the Department of Energy, seems about as climate friendly as they come. As a Nobel Prize-winning physicist and director of the DOE-funded Lawrence Berkeley National Laboratory, he has dedicated his career to weaning the globe from petroleum. But Chu, who declined to comment for this story, is also more industry friendly than his rhetoric suggests. Last year he sealed a deal between the Berkeley Lab, two public universities, and oil company BP, creating the largest university-industry alliance in US history, the $500 million Energy Biosciences Institute, to conduct biofuels research. The proposal sparked fierce opposition from faculty and students at the University of California-Berkeley, which will host the institute. Biology professor Ignacio Chapela called the partnership the "coup de grace to the very idea of a university that can represent the best interest of the public."

Chu's role in creating the Energy Biosciences Institute may inform his approach to governing the Department of Energy, a major governmental underwriter of research, and one that will face pressure to partner with corporations in pursuing technological solutions to climate change. As the incoming Obama administration prepares to spend liberally to develop cleaner sources of energy, the structure of corporate-government partnerships will determine how the profits of that research return to taxpayers, and how rigorously scientists evaluate the downsides of controversial technologies such as biofuels.

In 2004, when Chu left a teaching job at Stanford to direct the Berkeley Lab, research partnerships between oil companies and California universities were in vogue. In 2002, Stanford had formed the Global Climate and Energy Project with $225 million in funding from General Electric, Toyota, ExxonMobil, and oil-services company Schlumberger. In 2006, UC-Davis established a biofuels research project with $25 million from Chevron. Capitalizing on the momentum, Chu pitched the BP deal as a natural evolution of the new research paradigm. "The motivation is that you have to start working with companies at the get-go," he told a March 2007 meeting of the UC Berkeley Academic Senate. "I think the University of California-Berkeley and the Berkeley Lab are the perfect place for this, so you can…get largely CO2-neutral fuels in a responsible way, in a way that is sustainable."



READ THE REST:
http://www.motherjones.com/news/feature/2008/12/is-steven-chu-bff-with-bp.html

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domingo, diciembre 21, 2008

http://www.counterpunch.org/grossman12152008.html

December 15, 2008

The Half-Life of the Lesser Evil

Dr. Chu's Nuclear Prescription

By KARL GROSSMAN

The reaction from safe-energy advocates is mixed to the proposed appointment of Steven Chu as U.S. energy secretary by President-Elect Barak Obama. Mixed is a charitable response to the prospects of Chu being in charge of the U.S. Department of Energy.

Although he has a keen interest in energy efficiency and solar power and other clean forms of renewable energy, Chu is a staunch advocate of nuclear power.

“Nuclear has to be a necessary part of the portfolio,” declared Chu, the director of the Lawrence Berkeley National Laboratory, at an economic gathering last March in Palo Alto, California organized by Stanford University.” http://news.cnet.com/8301-10787_3-9888608-60.html

“The fear of radiation shouldn’t even enter into this,” he said in comparing nuclear and coal. “Coal is very, very bad.” Chu, a physicist, repeated a claim of nuclear proponents that coal plants produce more radioactivity than nuclear plants—a contention based on coal containing trace amounts of uranium and thorium. But the claim—and Chu—ignore the huge amount of radioactive products created by fission or atom-splitting in nuclear plants, the gaseous ones routinely released, and the many tons that are left, classified as nuclear waste and needing to be isolated, some virtually forever. The claim—and Chu—also ignore the potential of a catastrophic nuclear plant accident discharging much or all of these lethal radioactive fission products into the environment as occurred in the Chernobyl nuclear plant accident, a potential for which there is no comparison with coal.

Moreover, why compare life-threatening nuclear power to dirty coal? Why not compare it to the safe, clean renewable energy technologies that Chu insists he also backs.

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